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el 8 octubre 2026

Recientemente hemos tenido en el Centro Valenciano de Psicoterapia el segundo taller de supervisión. Me apetece compartirlo porque ahí se ve de verdad por qué el trabajo personal es tan importante en nuestra formación en Terapia Gestalt.

Supervisar no es sencillo. Y sentarse a trabajar mientras otros miran, tampoco. Ahí no solo sale lo que sabemos, sino cómo somos.

Normalmente, montamos una sesión individual en el centro de la sala. Uno hace de terapeuta, otro de paciente, y el grupo observa. Otras veces es algo grupal: alguien propone una dinámica para atender una necesidad que surge en el grupo.

Quienes llegan a este punto llevan casi tres años formándose. Se conocen mucho, se han visto en muchas situaciones y, sobre todo, han trabajado en sí mismos. En la supervisión se nota. La forma de acompañar refleja ese recorrido. Aparecen los aspectos más pulidos y también esas partes nuestras que todavía piden atención.

Por ejemplo, a veces nos adelantamos con una solución porque nos cuesta sostener la incertidumbre. O nos ponemos a hacer por sentirnos útiles. O quizá conseguimos algo tan sencillo y difícil como esperar, escuchar y confiar en el proceso de la persona que está delante.

Ahí es donde la supervisión ayuda tanto. Miramos lo que ha pasado, lo desmenuzamos, intentamos entendernos.

El grupo aporta mucho. Cada compañero señala cosas que quien estaba en el centro como terapeuta quizá no pudo ver. Y mientras miras el trabajo de otro, también aprendes sobre ti. Te reconoces en alguna dificultad, en un recurso, en una pregunta.

El docente hace algo clave: ayuda a nombrar lo que ha sucedido, a valorar los recursos del alumno y a señalar qué aspectos puede seguir trabajando. Y lo hace desde la experiencia de muchos años de consulta.

Para que todo esto sea posible, el clima es fundamental. En estos talleres se cuida mucho el respeto, el cariño, la forma de decir las cosas. Se puede señalar una dificultad con claridad y a la vez cuidar a la persona que se ha expuesto.

Creo que eso es lo más valioso del taller. Que se pueda aprender desde la experiencia propia y compartida, sin juicios duros, con honestidad.

Al final de cada supervisión, no solo se aprende técnica. Se aprende sobre cómo uno está en la relación con otro, cómo se afecta y cómo afecta. Y eso, al final, es la base de nuestro trabajo como terapeutas.

Nos leemos pronto.

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