Hay tantos filtros como formas de dejar que la vida nos cale. Parece que algunos los cambiamos cada día, otros cada cierto tiempo y otros los mantenemos largos períodos. Así como digo filtros, diré lentes para asomarnos a la realidad. En unas ves todo borroso, sin siquiera ser capaz de distinguir cuántos dedos hay frente a ti. En otras, ves nítidamente cada forma, tamaño y color, como si se tratara de una revisión con el oftalmólogo.
Tienes que ir ajustando cada lente en base a lo que percibes hasta encontrar la tuya, la que se adapta a tu ojo. Cuando la encuentras, pasa un tiempo y… ¡Cuidado! No olvides hacerte revisiones periódicas, pues la lente que un día te valió, hoy puede estar ocasionándote un empeoramiento. Quizá sea necesario otro ajuste, otro afinamiento. En esas pruebas puedes encontrarte colores que no percibes correctamente, letras y números borrosos, tensiones corporales fruto del esfuerzo de tu cuerpo por ver con claridad, cosas que pasabas por alto y que requieren de atención. Puede que veas mal de lejos, pero no seas capaz de definir lo que tienes frente a tus narices, o puede que sea al revés, o incluso ambas cosas.
Creo que en este punto sabemos que no hablo de lentes. Nuestra forma de percibir cambia y nos cambia: la modificamos, la distorsionamos, la aceptamos o nos resignamos; nos duele, nos apresa o nos hace más libres, más poderosos, más humildes, tiranos o héroes.
De vez en cuando me gusta preguntarme: ¿qué estoy realmente observando?, ¿cómo y desde dónde lo estoy haciendo? Nuestra interpretación de cada momento, de cada gesto, de cada persona —de cada uno de nosotros— es un vasto mundo. Un mundo lleno y potencialmente modificable con múltiples lupas por las que mirar. Quizá ahí resida una gran parte de la libertad: una donde podemos observar para actuar, para juzgar, para comprender y un largo etcétera. Crear nuevos filtros, nuevas formas de entendernos, de transitar nuestra vida, nuestra cotidianidad.
Personalmente tengo varias ventanas algo viejas, cubiertas de polvo, a través de las cuales acostumbro a mirar; otras jóvenes cristaleras limpias, dispuestas a mostrarme un exterior hermoso y claro; otras están aún en proyecto de construcción; y otras, en revisión.
Tantas posibilidades…, pero creo que una cosa es cierta: percibir, en primer lugar, es el encuentro con uno mismo a través del otro o de lo ajeno, para después poder percibir y recibir al otro. Percibirme para percibirte. Un doble encuentro presente en cada momento y en cada lugar.
Por ello, hay filtros hermosos que nos permiten atravesarlos con los dedos, como si de un umbral se tratara, para tocar bellas realidades. Por el contrario, también los hay tortuosos, que nos encadenan y apagan u otros que nos hacen percibir crudas realidades ¡Qué importante es revisarlos! Y qué bella la Psicología que nos ofrece tantas de esas formas, tamaños y colores para dibujar nuestra propia libertad.
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