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el 24 julio 2023

Estos días vengo haciendo el Camino de Santiago (una peregrinación en la que andas unos 20-30 Km al día por motivos religiosos, espirituales o porque te da a ti el gusto).

Elegí hacerlo sola para tener tiempo de estar en lo mío y también para poder relacionarme con gente nueva. Y en eso he estado: moviéndome entre el contacto con el otro y la retirada.

Si me apetecía conectar, cualquier excusa servía para iniciar conversaciones: “desde dónde vienes”, “qué tal llevas las ampollas”, “a mí tampoco me queda ropa limpia…”. Una chica que andaba bastante rápido me confesó que, cuando se sentía sola, se ponía a hacer estiramientos aleatorios para esperar a ver si aparecía alguien. Me pareció entrañable. Tan importante ha sido el contacto con los otros… sumergida en la charleta me olvidaba del dolor de piernas y, a  la que me daba cuenta, ya había terminado la etapa del día. Algunas ocasiones anduve sola durante horas y horas bajo el sol, y el día se volvió casi angustiante. Coincidí diariamente con una chica checa y un par de alemanes, mi “familia del Camino”. En los albergues donde nos hospedábamos compartíamos entre risas los mejores-peores momentos de la etapa. Pasados unos días les expliqué que, como buena española tierna, necesitaba del contacto físico. Desde entonces también nos abrazábamos.

Otras veces lo que sentía más bien era la necesidad de retirarme. De estar en silencio, apreciar el paisaje, estar con mis pensamientos, etc. Por suerte, bastaba un “voy a buscar dónde mear, ya nos veremos” para separarme. Tan importante ha sido la retirada… a solas conmigo pude llorar, gritar o cantar lo que me hubiera contenido por vergüenza si apenas un coche o una cara extraña en la lejanía se hubiera cruzado conmigo. Es en el aislamiento que me procuró el bosque que pude expresarme desde las entrañas.

En un mundo ideal podemos contactar y retirarnos según se nos antoje. Sin embargo, a menudo la realidad externa se nos impone. En momentos en los que necesitaba soledad igual aparecía un grupo de adolescentes capitaneados por un monitor chillón. En otra ocasión, por tratar de seguir el ritmo a uno de los alemanes (joder, es que son altísimos), me dio un tirón en la pierna que me obligó a parar.

De modo que hacemos lo que podemos con esta doble necesidad de contacto y retirada. Es nuestra responsabilidad satisfacerlas lo mejor posible dentro de lo realista. Estas tres preguntas me suelen ayudar a ello: 

¿Hacia qué extremo (contacto o retirada) me estoy yendo últimamente y cuál estoy dejando desatendido?

¿Qué puedo hacer ahora, dentro de lo posible, para satisfacer mi necesidad de contacto?

¿Qué puedo hacer ahora, dentro de lo posible, para satisfacer mi necesidad de retirada?

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