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el 25 enero 2023

Hace poco escribía sobre las sesiones para profundizar. Sesiones que empiezan con un “no tengo nada que contarte” y aprovechamos para bucear más hondo que de costumbre. Esta vez quiero escribir sobre otro tipo de sesiones, las de celebrar.

Sesiones que van de saborear los logros. De acostumbrarnos a que lo raro de que ese asunto, ese tema, esa manera de actuar vieja que ya no está, deje de ser raro.

De poner conciencia también a lo positivo. Porque si no, pasamos por encima. Sin pararnos a celebrar, sin cerrar que han habido ya cambios palpables. Para que, cuando vuelvan a venir mal dadas, confiar en que ya fuimos capaces de hacerlo anteriormente.

Son sesiones para mí importantes. Porque no es celebrar y ya está. Es poner conciencia -como cada vez que se va a terapia-, en el cambio, en el logro, en saborear lo que es nuevo, pararse a paladearlo, y así reforzar la motivación, el esfuerzo realizado y tomar nota de cómo lo hemos conseguido.

Pararse a tomar conciencia del cambio.

Igual que el cambio se da cuando soy consciente de cómo hago lo que hago, para así, libremente responder ante la situación, hay que ser consciente cuando ese cambio ya ha ocurrido.

Y celebrar.

Suele pasar que el paciente nombra sentirse raro al “estar bien”, “no me lo tomé como antes”, “no me preocupé tanto como lo haría antes”,  “no noté esa ansiedad”, “no me machaqué tanto”, “pude decirle lo que pensaba”, “y dije que no”… Es ahí donde le paro, nombro lo diferente, y sale una sonrisa.

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