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el 6 febrero 2023

Las diversas psicoterapias, desde sus diversos enfoques, convergen en cuanto a descubrir cuáles son nuestros deseos y motivaciones más profundos y después intentar hacerlos realidad. Unas los llaman objetivos; otras, necesidades y, otras, deseos. Personalmente, prefiero deseos. Esto generará logros, satisfacciones o hasta autorrealización. Y muchas frustraciones, claro está. El deseo es impulso vital y el mejor de los antidepresivos. Y, vistas las contradicciones entre nuestros instintos, emociones, ideas y demás, entre todas las voces que nos habitan, el camino del deseo es un auténtico laberinto que escudriñar. Aquí la libertad es soltar los condicionamientos internos, los mandatos y los automatismos. Es libertad de elegir y actuar, de volar en la dirección escogida.

Frente a esto, pareciera que los enfoques espirituales enseñaran todo lo contrario, a saber, desapegarse de todo deseo para no sufrir. “No desees, no te apegues, no albergues necesidades ilusorias que te quiten la paz”.

Pues bien, creo que la aparente contradicción responde a una confusión de niveles. A nivel psicológico, no saber lo que se desea y no intentar hacerlo realidad es sinónimo de todo tipo de neurosis obsesivas, fóbicas o depresivas. Una vez que se disponga de las claves para hacer todo lo posible por vivir la vida que queremos vivir, que no es otra cosa que nuestra responsabilidad existencial, será cuando empiece el camino espiritual del desapego, de la aceptación y de la entrega a los designios del destino, a los deseos de Dios o a “Que sea lo que tenga que ser”. “Yo he hecho lo mío, hasta aquí llego, aquí termina mi compromiso con la conciencia y la acción que está en mi mano; a partir de ahora, me pondo en las manos de la Vida”. Aquí la libertad es soltar toda pelea con la realidad, con el deseo de los otros, soltar todo empeño y empecinamiento; aquí, la libertad es dejarse volar, tras el trabajo hecho, allá donde nos lleve la brisa.

No hacerse cargo de los propios deseos olvidando así la propia responsabilidad existencial en nombre del desapego o del "Todo está bien" es vivir la vida de los otros, resignarse o, en el más frecuente de los casos, la trampa de no desear para no frustrarse. De esto solo se puede esperar una vida ajena y gris. De la otra parte, querer controlarlo todo, culparse de todo y pelearse con todo lo que no depende de uno mismo, conlleva una vida insufrible en nombre del deseo y el poder personal.

Aprende a volar, explora los cielos, encuéntrate a ti mismo en ellos y, cuando lo tuyo esté hecho, ahora sí, entrégate en brazos del viento, confía y déjate ir.

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