2482 WP_Post Object ( [ID] => 2482 [post_author] => 1 [post_date] => 2017-07-23 10:44:47 [post_date_gmt] => 2017-07-23 08:44:47 [post_content] => 88.1 El portal de mi casa fue mi primera consulta. No, no hablo en serio. No era ninguna consulta, pero si fue el lugar donde despertó mi vocación. Yo tenía 15 años. Las escaleras de ese portal, fueron el sitio íntimo y confidente, donde me sentaba a hablar con los amigos que llamaban al timbre de mi casa. Y las sesiones no duraban una hora, no, podían durar una tarde entera. Al despedirme de ellos, subía a mi casa satisfecha, contenta y agradecida. Agradecida por la confianza que depositaban en mí al hablarme de lo que les preocupaba, o de cómo estaban. Contenta y satisfecha porque realmente disfrutaba de esos momentos, me interesaba lo que me contaban y no me suponía ningún esfuerzo escuchar. Aprendí a apreciar el clima que se generaba, el vínculo que aquello suponía. Me sentía afortunada. Sí, por aquel entonces, escuchaba y me aventuraba a darles algún consejo personal, con la intención de que se sintieran un poco mejor de cómo habían llegado. Con el tiempo lo supe, eso hacen los amigos, no los psicólogos, pero así fue como nació esta vocación. No la considero una elección, de hecho no fue algo buscado. Pero lo sentí de forma muy clara cuando la sensación apareció, esto era lo que yo quería para mí. Quería sentirme así a diario y qué mejor forma de conseguirlo que dedicándome a ello. La decisión estaba tomada, de manera casi accidental e inconsciente, iba a ser psicóloga. 88.2A partir de ahí solo había una cosa que hacer... estudiar. Tres años me separaban de la Facultad de Psicología, eso si conseguía entrar. El primer año de instituto me topé con una gran optativa para mí: psicología. Me vine arriba, como se suele decir, eso era lo mío, ¿no? La suspendí 3 veces, no había manera de que me entraran aquellos conceptos, aun me acuerdo: refuerzo positivo, refuerzo negativo, castigo, condicionamiento simple, operante, etc. No sé aun ni cómo, pero en el último examen del curso conseguí recuperar los demás y terminé aprobando aquello. Cómo son las cosas, por las notas de mis exámenes de psicología era obvio que aquello no se me daba bien, parecía lógico abandonar la idea de querer ser psicóloga algún día. Seguir adelante con mi deseo, aun con esa realidad, eso sí fue una elección. Porque, a pesar de todo, aquella sensación del principio seguía ahí. Aunque lo que había visto hasta el momento sobre la psicología, no se parecía nada a lo que yo había imaginado. Una vez en la universidad, la cosa no mejoró. Fueron más de 5 años duros y largos... Los últimos resquicios de aquella sensación con la que decidí ser psicóloga, iban desapareciendo con cada curso. No encontraba aquello que fui buscando, a diario me preguntaba: ¿cómo iba a ser todo eso lo que esta profesión me ofrecía? tenía que haber algo más. Tenía que haber algo que yo no estaba viendo.  Fueron años de desilusión y pesadez. Estaba decidida a terminar aquella carrera, no por motivación, sino por compromiso. Y al fin, el último año apareció. Conocí la Terapia Gestalt casi de manera casual, o más bien instintiva, y supe que había encontrado aquello que se despertó hacía casi 10 años. Volví a reencontrarme con mi vocación, con la ilusión, con aquella sensación de estar donde se quiere estar. La sensación de estar haciendo, de poner fuera, eso que sabes que llevas dentro, lo que te gusta, lo que te hace disfrutar, por lo que te sientes agradecida y satisfecha. No hay que buscar fuera de uno mismo algo a lo que dedicarse. No hay que empeñarse en ser esto o aquello porque es lo que me dicen que se me da bien, o es lo que creo que me hará más feliz. Muchas veces, esa búsqueda, lo único que genera es que nos perdamos más, que aparezcan dudas y nos sintamos más confusos ante nuestra elección. Que perdamos la raíz, esa sensación tan interna que solo uno conoce y puede sentir. Y para mí esa fue la clave, porque yo, sí yo, iba a ser abogada… solo hubo un contratiempo, me sentía psicóloga. Los caminos de rosas pocas veces se dan, pero no te quedes en las rosas, si hay camino, ándalo.   [post_title] => Vocacional... del verbo sentir - Carol Belda [post_excerpt] => [post_status] => publish [comment_status] => open [ping_status] => open [post_password] => [post_name] => vocacional-del-verbo-sentir-carol-belda [to_ping] => [pinged] => [post_modified] => 2017-07-23 10:48:16 [post_modified_gmt] => 2017-07-23 08:48:16 [post_content_filtered] => [post_parent] => 0 [guid] => http://www.cvap.es/?p=2482 [menu_order] => 0 [post_type] => post [post_mime_type] => [comment_count] => 0 [filter] => raw )

Vocacional… del verbo sentir – Carol Belda

88.1

El portal de mi casa fue mi primera consulta. No, no hablo en serio. No era ninguna consulta, pero si fue el lugar donde despertó mi vocación. Yo tenía 15 años.

Las escaleras de ese portal, fueron el sitio íntimo y confidente, donde me sentaba a hablar con los amigos que llamaban al timbre de mi casa. Y las sesiones no duraban una hora, no, podían durar una tarde entera.

Al despedirme de ellos, subía a mi casa satisfecha, contenta y agradecida. Agradecida por la confianza que depositaban en mí al hablarme de lo que les preocupaba, o de cómo estaban. Contenta y satisfecha porque realmente disfrutaba de esos momentos, me interesaba lo que me contaban y no me suponía ningún esfuerzo escuchar. Aprendí a apreciar el clima que se generaba, el vínculo que aquello suponía. Me sentía afortunada.

Sí, por aquel entonces, escuchaba y me aventuraba a darles algún consejo personal, con la intención de que se sintieran un poco mejor de cómo habían llegado. Con el tiempo lo supe, eso hacen los amigos, no los psicólogos, pero así fue como nació esta vocación.

No la considero una elección, de hecho no fue algo buscado. Pero lo sentí de forma muy clara cuando la sensación apareció, esto era lo que yo quería para mí. Quería sentirme así a diario y qué mejor forma de conseguirlo que dedicándome a ello. La decisión estaba tomada, de manera casi accidental e inconsciente, iba a ser psicóloga.

88.2A partir de ahí solo había una cosa que hacer… estudiar. Tres años me separaban de la Facultad de Psicología, eso si conseguía entrar. El primer año de instituto me topé con una gran optativa para mí: psicología. Me vine arriba, como se suele decir, eso era lo mío, ¿no? La suspendí 3 veces, no había manera de que me entraran aquellos conceptos, aun me acuerdo: refuerzo positivo, refuerzo negativo, castigo, condicionamiento simple, operante, etc. No sé aun ni cómo, pero en el último examen del curso conseguí recuperar los demás y terminé aprobando aquello.

Cómo son las cosas, por las notas de mis exámenes de psicología era obvio que aquello no se me daba bien, parecía lógico abandonar la idea de querer ser psicóloga algún día. Seguir adelante con mi deseo, aun con esa realidad, eso sí fue una elección. Porque, a pesar de todo, aquella sensación del principio seguía ahí. Aunque lo que había visto hasta el momento sobre la psicología, no se parecía nada a lo que yo había imaginado.

Una vez en la universidad, la cosa no mejoró. Fueron más de 5 años duros y largos… Los últimos resquicios de aquella sensación con la que decidí ser psicóloga, iban desapareciendo con cada curso. No encontraba aquello que fui buscando, a diario me preguntaba: ¿cómo iba a ser todo eso lo que esta profesión me ofrecía? tenía que haber algo más. Tenía que haber algo que yo no estaba viendo.  Fueron años de desilusión y pesadez. Estaba decidida a terminar aquella carrera, no por motivación, sino por compromiso. Y al fin, el último año apareció. Conocí la Terapia Gestalt casi de manera casual, o más bien instintiva, y supe que había encontrado aquello que se despertó hacía casi 10 años. Volví a reencontrarme con mi vocación, con la ilusión, con aquella sensación de estar donde se quiere estar. La sensación de estar haciendo, de poner fuera, eso que sabes que llevas dentro, lo que te gusta, lo que te hace disfrutar, por lo que te sientes agradecida y satisfecha.

No hay que buscar fuera de uno mismo algo a lo que dedicarse. No hay que empeñarse en ser esto o aquello porque es lo que me dicen que se me da bien, o es lo que creo que me hará más feliz. Muchas veces, esa búsqueda, lo único que genera es que nos perdamos más, que aparezcan dudas y nos sintamos más confusos ante nuestra elección. Que perdamos la raíz, esa sensación tan interna que solo uno conoce y puede sentir. Y para mí esa fue la clave, porque yo, sí yo, iba a ser abogada… solo hubo un contratiempo, me sentía psicóloga.

Los caminos de rosas pocas veces se dan, pero no te quedes en las rosas, si hay camino, ándalo.

 


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