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Vivir para trabajar, trabajar para vivir.

Solemos escuchar esta frase muy a menudo. Cada uno elige su opción. “Yo trabajo para vivir”, parece que dice la mayoría. Otros, más escondidos, “viven para trabajar”, con miedo a que se les tache de poco hedonistas.

29.2Los que trabajan para vivir, lo hacen desde la tesitura de que el salario obtenido lo invierten en el ocio. Se escudan entonces en una vivencia laboral dedicada al disfrute de su jornada no laboral. En un principio, somos la mayoría de las personas las que nos gusta invertir parte del salario en ocio. Es decir, el bipartidismo es inexistente.

Parece que son menos los que viven para trabajar.  Pero el otro día, un buen amigo me dio un giro al concepto. Yo quiero vivir para trabajar me dijo. “Quiero que mi trabajo sea parte de mi vida”. Entonces lo entendí. La afirmación estaba entendida por la sociedad desde el punto de vista monetario, materialista. Parecía que el que quería vivir para trabajar, su única meta en lo cotidiano era lo laboral. Que el dinero no se lo gastaba, sólo le importaba trabajar.

Esta vuelta de tuerca me hizo ver que, dejando a un lado el punto de vista monetario, ‘lo correcto’ sería vivir para trabajar, que tu trabajo sea una parte satisfactoria más de tu vida. Este amigo mío me había cambiado el concepto de la frase. Qué bonito sería vivir para trabajar.

Y luego, trabajar para vivir.

A los días, y observando el rastro que había dejado en mí este cambio de prisma, me di cuenta de que había otra vuelta de tuerca más. Integrar. Trabajar y Vivir. ¡Como si trabajar no fuera vivir! Ocio y vivir. Vivir no es sólo ocio, si no, pregunten a la gente sin trabajo. Resulta que igual que no hay luz sin oscuridad (o viceversa), que no hay calor sin frío; no hay ocio sin trabajo, o trabajo sin ocio. Y ambas pertenecen a la vida. Así que a vivir.

Esquivemos la lucha entre trabajo y vivir porque no la hay. Vivir es: trabajar y tener tiempo de ocio. Ambas por igual. Integremos ambas polaridades, que será sinónimo de salud.

Dejando como base la sin razón de la frase inicial, y, en todo caso, quedándonos en la parte laboral de la vida, quisiera mencionar otra gran consejo. De los mejores que me dieron de niño. Trabaja en lo que te guste. Camarero o científico, da igual. Que te guste. Y lo seguí (o lo intento). Si me tengo que levantar 5 días a la semana para ir a trabajar 8 horas al día, qué mejor que hacerlo con ilusión, motivación, con mariposas en el estómago. Parece de locos, parece que el verbo trabajar va teñido de degradante, de esclavitud. ¿Qué ha pasado con lo artesano?

Cuando hablo de artesano no me refiero al concepto manual de producir, sino al hecho de elegir una profesión de por vida acorde a tus cualidades y gustos personales. Aquello que cuando te levantes de la cama tengas ganas de ir a trabajar. Evidentemente siempre estará la lucha entre nuestro jefe interior (topdog) y nuestro adulador (underdog). El primero no dejará de exigirnos. Sólo trabajar desconectará nuestra conciencia de la vida, de nuestra cotidianidad. Éste último abogará por quedarse en la cama tirado, descansando, puro ocio. Pero insisto, este ocio sin trabajo no se valora, no es ocio sino tiempo sin ocupación.

No estoy invitando a la gente a que deje ahora su actual puesto de trabajo por aquel que desee. En todo caso, de ser así, se necesitaría bastante tiempo de concienciación y de bajada a la realidad. Invito a la gente a que, aparte de conocer cuál sería su profesión deseada, valore su trabajo, aunque no llegue a ser aquél que le remueva por dentro, sobre todo en las circunstancias actuales de desempleo. Valorar nuestro puesto de trabajo también ayudará a que esas mariposas del estómago vayan empezando a revolotear por las mañanas.

29.1Cuando hablaba de trabajo como algo que se tiñe de degradante, tedioso, esclavitud, etc., es desde un punto de vista sumiso. Trabajo como obligación sin ningún tipo de desarrollo personal. Como aquellas personas que dicen “¡que me despidan!”, sin valorar lo que supondría levantarse al día siguiente sin tener un salario sin el que cuidar a su familia, unas funciones que desempeñar, unas responsabilidades que atender, y todo aquello que atiende a lo humano.

El ambiente laboral es un entorno en el que se da mucho la denominada ‘proyección’, se tiende a responsabilizar y culpar en exceso al otro, bien sean superiores y/o subordinados. En este caso, asumir las propias responsabilidades, un buen manejo de las emociones (véase gestión emocional), poner énfasis en la autoconciencia y el autoconocimiento interior hará de nuestro trabajo un lugar más satisfactorio, motivante y así conseguir un mayor desarrollo personal. También cabe mencionar la participación en las decisiones y procesos que se den dentro de la empresa, tanto por parte de los superiores, a los que les aconsejo delegar e invitar a sus trabajadores a participar en ellas, como individualmente cada uno poner fuerza y empeño en hacerlo. Esto es responsabilidad del trabajador.

A fin de cuentas, mejorar la calidad de vida. Algo poco (o muy difícilmente) cuantificable monetariamente.

A vivir.

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Vivir – Sergio Ortiz

Vivir para trabajar, trabajar para vivir.

Solemos escuchar esta frase muy a menudo. Cada uno elige su opción. “Yo trabajo para vivir”, parece que dice la mayoría. Otros, más escondidos, “viven para trabajar”, con miedo a que se les tache de poco hedonistas.

29.2Los que trabajan para vivir, lo hacen desde la tesitura de que el salario obtenido lo invierten en el ocio. Se escudan entonces en una vivencia laboral dedicada al disfrute de su jornada no laboral. En un principio, somos la mayoría de las personas las que nos gusta invertir parte del salario en ocio. Es decir, el bipartidismo es inexistente.

Parece que son menos los que viven para trabajar.  Pero el otro día, un buen amigo me dio un giro al concepto. Yo quiero vivir para trabajar me dijo. “Quiero que mi trabajo sea parte de mi vida”. Entonces lo entendí. La afirmación estaba entendida por la sociedad desde el punto de vista monetario, materialista. Parecía que el que quería vivir para trabajar, su única meta en lo cotidiano era lo laboral. Que el dinero no se lo gastaba, sólo le importaba trabajar.

Esta vuelta de tuerca me hizo ver que, dejando a un lado el punto de vista monetario, ‘lo correcto’ sería vivir para trabajar, que tu trabajo sea una parte satisfactoria más de tu vida. Este amigo mío me había cambiado el concepto de la frase. Qué bonito sería vivir para trabajar.

Y luego, trabajar para vivir.

A los días, y observando el rastro que había dejado en mí este cambio de prisma, me di cuenta de que había otra vuelta de tuerca más. Integrar. Trabajar y Vivir. ¡Como si trabajar no fuera vivir! Ocio y vivir. Vivir no es sólo ocio, si no, pregunten a la gente sin trabajo. Resulta que igual que no hay luz sin oscuridad (o viceversa), que no hay calor sin frío; no hay ocio sin trabajo, o trabajo sin ocio. Y ambas pertenecen a la vida. Así que a vivir.

Esquivemos la lucha entre trabajo y vivir porque no la hay. Vivir es: trabajar y tener tiempo de ocio. Ambas por igual. Integremos ambas polaridades, que será sinónimo de salud.

Dejando como base la sin razón de la frase inicial, y, en todo caso, quedándonos en la parte laboral de la vida, quisiera mencionar otra gran consejo. De los mejores que me dieron de niño. Trabaja en lo que te guste. Camarero o científico, da igual. Que te guste. Y lo seguí (o lo intento). Si me tengo que levantar 5 días a la semana para ir a trabajar 8 horas al día, qué mejor que hacerlo con ilusión, motivación, con mariposas en el estómago. Parece de locos, parece que el verbo trabajar va teñido de degradante, de esclavitud. ¿Qué ha pasado con lo artesano?

Cuando hablo de artesano no me refiero al concepto manual de producir, sino al hecho de elegir una profesión de por vida acorde a tus cualidades y gustos personales. Aquello que cuando te levantes de la cama tengas ganas de ir a trabajar. Evidentemente siempre estará la lucha entre nuestro jefe interior (topdog) y nuestro adulador (underdog). El primero no dejará de exigirnos. Sólo trabajar desconectará nuestra conciencia de la vida, de nuestra cotidianidad. Éste último abogará por quedarse en la cama tirado, descansando, puro ocio. Pero insisto, este ocio sin trabajo no se valora, no es ocio sino tiempo sin ocupación.

No estoy invitando a la gente a que deje ahora su actual puesto de trabajo por aquel que desee. En todo caso, de ser así, se necesitaría bastante tiempo de concienciación y de bajada a la realidad. Invito a la gente a que, aparte de conocer cuál sería su profesión deseada, valore su trabajo, aunque no llegue a ser aquél que le remueva por dentro, sobre todo en las circunstancias actuales de desempleo. Valorar nuestro puesto de trabajo también ayudará a que esas mariposas del estómago vayan empezando a revolotear por las mañanas.

29.1Cuando hablaba de trabajo como algo que se tiñe de degradante, tedioso, esclavitud, etc., es desde un punto de vista sumiso. Trabajo como obligación sin ningún tipo de desarrollo personal. Como aquellas personas que dicen “¡que me despidan!”, sin valorar lo que supondría levantarse al día siguiente sin tener un salario sin el que cuidar a su familia, unas funciones que desempeñar, unas responsabilidades que atender, y todo aquello que atiende a lo humano.

El ambiente laboral es un entorno en el que se da mucho la denominada ‘proyección’, se tiende a responsabilizar y culpar en exceso al otro, bien sean superiores y/o subordinados. En este caso, asumir las propias responsabilidades, un buen manejo de las emociones (véase gestión emocional), poner énfasis en la autoconciencia y el autoconocimiento interior hará de nuestro trabajo un lugar más satisfactorio, motivante y así conseguir un mayor desarrollo personal. También cabe mencionar la participación en las decisiones y procesos que se den dentro de la empresa, tanto por parte de los superiores, a los que les aconsejo delegar e invitar a sus trabajadores a participar en ellas, como individualmente cada uno poner fuerza y empeño en hacerlo. Esto es responsabilidad del trabajador.

A fin de cuentas, mejorar la calidad de vida. Algo poco (o muy difícilmente) cuantificable monetariamente.

A vivir.


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