2660 WP_Post Object ( [ID] => 2660 [post_author] => 1 [post_date] => 2017-12-19 23:15:43 [post_date_gmt] => 2017-12-19 22:15:43 [post_content] => 95.1 La exigencia se nos aparece como ese juez interno insaciable que siempre pide más. Un día según el exigente Verde: Suena el despertador... Ohhh! Qué cansado, no sé si tendré fuerzas para todo el día de hoy. Pero me tengo que levantar, tengo mucho por hacer y ¡estoy motivado para poder acabar todas ellas! Por la mañana... Desayuno y mientras respondo unos mails del trabajo, leo un artículo y organizo de nuevo la agenda por si hay algo que no anoté ayer o hay alguna cosa que no tenga en la cabeza y sea imprescindible (cosa que casi nunca pasa). ¡Mierda! Me acabe el desayuno sin darme cuenta, el tiempo se me pasa volando, organizando y reorganizando lo ya organizado... Ale! pues a seguir que me he retrasado 10 minutos y ya voy justo con lo de después. Saco a pasear a los perros, un poco rápido que antes ya me retrasé. ¡Me encanta disfrutar del sol de la mañana mientras paseo con ellos, estoy tan bien! (Uno de los pocos momentos que me permito para estar solo conmigo). De vuelta en casa... Hago unas horas de trabajo en el ordenador, con la sensación de que no es suficiente, necesitaba más tiempo y hacer más trabajo. He acabado casi todo, pero era mi obligación, es más importante lo que me queda. Aunque lleve poco tiempo en ese trabajo debo estar a la altura de los compañeros. ¿Igual era mucho trabajo? Bueno, no sé, si me esfuerzo lo acabo todo. Dejo el trabajo y me pongo con las tareas de casa que me corresponden, y de repente, el primer agobio del día!! Mi compañero no ha limpiado la cocina (como habíamos acordado) y ahora yo no puedo preparar la comida!! No entiendo, si no cuesta nada, ahora yo que necesito una sartén, tendré que limpiar todo primero... Porque claro, ¿cómo voy a limpiar solo una cosa y dejarle el resto? ya que me pongo... si no lo hago es de mala persona. Primero recojo la cocina que era lo que tenía que estar hecho y así luego me encargo solo de lo mío. Preparo la comida, mientras pongo lavadora, limpio el baño y entre todo eso me doy cuenta que no baje el fuego y la comida empieza a pegarse... ¡Mierda, si es que llevo todo a la vez para que me dé tiempo y no consigo acordarme! Hora de la comida... Mi compañero llega a casa en medio de mi vorágine de esfuerzo y hacer, y él tan tranquilo. ¡He de decirle! Por su culpa he tenido que hacer más cosas que no tenía planeadas y volver a ajustar lo mío. Tras media hora de discusión apenas tengo tiempo de comer, ducharme e irme a trabajar, un día de estos me dará un corte de digestión por comer siempre rápido. De vuelta a casa después del trabajo... Estoy tan cansado, aun he tenido que ir a hacer unos papeles y unas cosas de compra, creo que no podré más pero tengo que acabar. ¿Será que yo me quejo mucho? No sé, la gente hace estas cosas y yo no les veo quejarse, ¡tengo que hacerlo con ganas! Preparo dos reuniones, reviso casi todos los mails que han enviado y organizo la agenda. Todo este esfuerzo no ha sido bastante, ¡tenía que haber ido más rápido y no entretenerme con tonterías! Ahora me queda alguna de las cosas que me apunté y tendré que buscar hueco mañana, me quito un poco de tiempo por aquí y un poco de tiempo por allá (claro siempre es tiempo que era para mí, para lo que esperan los otros no lo quitaré)... Y luego cuando acabe de cenar aún puedo doblar la ropa mientras reposo y así ¡una cosa menos! Después de cenar... No tengo fuerzas ni para moverme. ¡Qué flojo soy! Doblo y ordeno la ropa resignado, ya que me es imposible descansar y desconectar viéndola todo el rato ahí. Al final de la noche no soy persona, solo la sensación de un día larguísimo al que le han faltado horas. ¡Tendría que haber hecho más! ¿Cómo me ha pasado si tenía todo cuadrado? ¡Seguro que si mañana me organizo podré con todo y sin cansarme! 95.2 Un día según el exigente Morado Suena el despertador... Ayer me acosté muy motivado queriendo levantarme muy temprano y poder hacer muchas cosas. Normalmente me levanto a las 9:30 y  hoy puse el despertador a las 7:00. Cuando suena, solamente puedo posponer la alarma, las cosas pueden esperar! Cuando vuelve a sonar la vuelvo a posponer, total las cosas no eran tan importantes. Estoy tan a gusto que me da igual todo. ¡Mierda! ¡Me he dormido! Por la mañana... Me levanto deprisa, me preparo rápidamente un café y me siento cinco minutos en el ordenador. Los cinco minutos se convierten en quince y salgo disparado al trabajo. En lo que salgo de casa voy viendo varias cosas por las que me quería levantar temprano: el sol ya calienta, el mundo lleva en  marcha unas horas, la cocina sigue por ordenar y hubiera estado bien pasear a los perros. ¡Otro día sin levantarme con tiempo, estoy enfadado conmigo! Camino al trabajo voy pensando en lo excelente que fue la última sesión. Durante la sesión decido que hasta que no consiga unos resultados extraordinarios no la acabaré, necesito mantener un nivel de excelencia. Finalmente termino el trabajo tarde sin lograr los resultados esperados. Tengo que ir a comprar y voy justo de tiempo. Voy deprisa (ya no me da tiempo a llegar a todo) y cabreado por no haber podido estar a la altura. Hora de la comida... Llego a casa para comer y mi compañero me echa en cara no haber limpiado la cocina. No entiendo porque se estresa tanto, ¡tendría que poder tomarse las cosas con más calma! Además, me irrita su forma de argumentar, la técnica de su lógica discursiva es muy pobre. Mientras comemos me gusta ver mi programa favorito y mi compañero me habla y no puedo escucharlo. Me molesta y no entiendo porque lo hace si sabe que me gusta. Camino al trabajo... Recuerdo algo que tendría que haber preparado para la sesión. ¡Joder! Otra vez he tomado más compromisos de los que podía atender. Voy pensando que lo tengo que hacer bien porque es la primera sesión con esta familia y es muy importante que entiendan lo que hacemos. Ya en casa... Tengo muchas cosas que me gustaría hacer, primero necesito consultar en internet cómo hacer una de ellas. Al acabar me doy cuenta que se me ha ido más tiempo de lo previsto. ¡Ya me pongo con lo demás! Empiezo por algo que no está en mi lista y esto me ocupa hasta la hora de la cena. Después de cenar... Llego a la cama cansado mentalmente por no haber podido hacer las cosas que había previsto. Tenía muchas cosas por hacer y no he hecho. ¡Otra vez no he tenido fuerza de voluntad ni organización! ¡Voy a hacer una lista! Así podré acordarme de todo lo que tengo que hacer. Igual es mucho pero creo que llego. ¡Si me levanto a las 7:00 seguro que llego a todo! Si no volverá a ser un día de mierda. La exigencia en todas sus formas de expresión puede esconder miedo, control,... Conseguir ser perfecto no es solo algo difícil, sino que es imposible.   [post_title] => Un mismo día, dos exigentes - María Climent [post_excerpt] => [post_status] => publish [comment_status] => open [ping_status] => open [post_password] => [post_name] => un-mismo-dia-dos-exigentes-maria-climent [to_ping] => [pinged] => [post_modified] => 2017-12-19 23:16:58 [post_modified_gmt] => 2017-12-19 22:16:58 [post_content_filtered] => [post_parent] => 0 [guid] => http://www.cvap.es/?p=2660 [menu_order] => 0 [post_type] => post [post_mime_type] => [comment_count] => 0 [filter] => raw )

Un mismo día, dos exigentes – María Climent

95.1

La exigencia se nos aparece como ese juez interno insaciable que siempre pide más.

Un día según el exigente Verde:

Suena el despertador… Ohhh! Qué cansado, no sé si tendré fuerzas para todo el día de hoy. Pero me tengo que levantar, tengo mucho por hacer y ¡estoy motivado para poder acabar todas ellas!

Por la mañana… Desayuno y mientras respondo unos mails del trabajo, leo un artículo y organizo de nuevo la agenda por si hay algo que no anoté ayer o hay alguna cosa que no tenga en la cabeza y sea imprescindible (cosa que casi nunca pasa). ¡Mierda! Me acabe el desayuno sin darme cuenta, el tiempo se me pasa volando, organizando y reorganizando lo ya organizado… Ale! pues a seguir que me he retrasado 10 minutos y ya voy justo con lo de después. Saco a pasear a los perros, un poco rápido que antes ya me retrasé. ¡Me encanta disfrutar del sol de la mañana mientras paseo con ellos, estoy tan bien! (Uno de los pocos momentos que me permito para estar solo conmigo).

De vuelta en casa… Hago unas horas de trabajo en el ordenador, con la sensación de que no es suficiente, necesitaba más tiempo y hacer más trabajo. He acabado casi todo, pero era mi obligación, es más importante lo que me queda. Aunque lleve poco tiempo en ese trabajo debo estar a la altura de los compañeros. ¿Igual era mucho trabajo? Bueno, no sé, si me esfuerzo lo acabo todo. Dejo el trabajo y me pongo con las tareas de casa que me corresponden, y de repente, el primer agobio del día!! Mi compañero no ha limpiado la cocina (como habíamos acordado) y ahora yo no puedo preparar la comida!! No entiendo, si no cuesta nada, ahora yo que necesito una sartén, tendré que limpiar todo primero… Porque claro, ¿cómo voy a limpiar solo una cosa y dejarle el resto? ya que me pongo… si no lo hago es de mala persona. Primero recojo la cocina que era lo que tenía que estar hecho y así luego me encargo solo de lo mío. Preparo la comida, mientras pongo lavadora, limpio el baño y entre todo eso me doy cuenta que no baje el fuego y la comida empieza a pegarse… ¡Mierda, si es que llevo todo a la vez para que me dé tiempo y no consigo acordarme!

Hora de la comida… Mi compañero llega a casa en medio de mi vorágine de esfuerzo y hacer, y él tan tranquilo. ¡He de decirle! Por su culpa he tenido que hacer más cosas que no tenía planeadas y volver a ajustar lo mío. Tras media hora de discusión apenas tengo tiempo de comer, ducharme e irme a trabajar, un día de estos me dará un corte de digestión por comer siempre rápido.

De vuelta a casa después del trabajo… Estoy tan cansado, aun he tenido que ir a hacer unos papeles y unas cosas de compra, creo que no podré más pero tengo que acabar. ¿Será que yo me quejo mucho? No sé, la gente hace estas cosas y yo no les veo quejarse, ¡tengo que hacerlo con ganas! Preparo dos reuniones, reviso casi todos los mails que han enviado y organizo la agenda. Todo este esfuerzo no ha sido bastante, ¡tenía que haber ido más rápido y no entretenerme con tonterías! Ahora me queda alguna de las cosas que me apunté y tendré que buscar hueco mañana, me quito un poco de tiempo por aquí y un poco de tiempo por allá (claro siempre es tiempo que era para mí, para lo que esperan los otros no lo quitaré)… Y luego cuando acabe de cenar aún puedo doblar la ropa mientras reposo y así ¡una cosa menos!

Después de cenar… No tengo fuerzas ni para moverme. ¡Qué flojo soy! Doblo y ordeno la ropa resignado, ya que me es imposible descansar y desconectar viéndola todo el rato ahí. Al final de la noche no soy persona, solo la sensación de un día larguísimo al que le han faltado horas. ¡Tendría que haber hecho más! ¿Cómo me ha pasado si tenía todo cuadrado? ¡Seguro que si mañana me organizo podré con todo y sin cansarme!

95.2

Un día según el exigente Morado

Suena el despertador… Ayer me acosté muy motivado queriendo levantarme muy temprano y poder hacer muchas cosas. Normalmente me levanto a las 9:30 y  hoy puse el despertador a las 7:00. Cuando suena, solamente puedo posponer la alarma, las cosas pueden esperar! Cuando vuelve a sonar la vuelvo a posponer, total las cosas no eran tan importantes. Estoy tan a gusto que me da igual todo. ¡Mierda! ¡Me he dormido!

Por la mañana… Me levanto deprisa, me preparo rápidamente un café y me siento cinco minutos en el ordenador. Los cinco minutos se convierten en quince y salgo disparado al trabajo. En lo que salgo de casa voy viendo varias cosas por las que me quería levantar temprano: el sol ya calienta, el mundo lleva en  marcha unas horas, la cocina sigue por ordenar y hubiera estado bien pasear a los perros. ¡Otro día sin levantarme con tiempo, estoy enfadado conmigo! Camino al trabajo voy pensando en lo excelente que fue la última sesión. Durante la sesión decido que hasta que no consiga unos resultados extraordinarios no la acabaré, necesito mantener un nivel de excelencia. Finalmente termino el trabajo tarde sin lograr los resultados esperados. Tengo que ir a comprar y voy justo de tiempo. Voy deprisa (ya no me da tiempo a llegar a todo) y cabreado por no haber podido estar a la altura.

Hora de la comida… Llego a casa para comer y mi compañero me echa en cara no haber limpiado la cocina. No entiendo porque se estresa tanto, ¡tendría que poder tomarse las cosas con más calma! Además, me irrita su forma de argumentar, la técnica de su lógica discursiva es muy pobre. Mientras comemos me gusta ver mi programa favorito y mi compañero me habla y no puedo escucharlo. Me molesta y no entiendo porque lo hace si sabe que me gusta.

Camino al trabajo… Recuerdo algo que tendría que haber preparado para la sesión. ¡Joder! Otra vez he tomado más compromisos de los que podía atender. Voy pensando que lo tengo que hacer bien porque es la primera sesión con esta familia y es muy importante que entiendan lo que hacemos.

Ya en casa… Tengo muchas cosas que me gustaría hacer, primero necesito consultar en internet cómo hacer una de ellas. Al acabar me doy cuenta que se me ha ido más tiempo de lo previsto. ¡Ya me pongo con lo demás! Empiezo por algo que no está en mi lista y esto me ocupa hasta la hora de la cena.

Después de cenar… Llego a la cama cansado mentalmente por no haber podido hacer las cosas que había previsto. Tenía muchas cosas por hacer y no he hecho. ¡Otra vez no he tenido fuerza de voluntad ni organización! ¡Voy a hacer una lista! Así podré acordarme de todo lo que tengo que hacer. Igual es mucho pero creo que llego. ¡Si me levanto a las 7:00 seguro que llego a todo! Si no volverá a ser un día de mierda.

La exigencia en todas sus formas de expresión puede esconder miedo, control,…

Conseguir ser perfecto no es solo algo difícil, sino que es imposible.

 


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