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Lo laboral (también) es lo humano. Humanizar la empresa.

Hace ya un año, hablé [Recursos Humanos más humanos, I] sobre el cambio que a mi parecer han de promover los departamentos de RRHH. Si somos humanos, si los trabajadores somos humanos, ¿dónde hay espacio para lo humano en la empresa?

Empecemos. ¿Qué es ‘lo humano’? Desde el punto de vista terapéutico, todo lo humano concierne a su manera de desarrollarse, de manejarse por el mundo. Si lo hace satisfactoriamente o no, vaya. Concretando algo más, desde el punto de vista laboral, lo humano sería si el individuo se desarrolla satisfactoriamente en la empresa, si se maneja bien en el entorno de su trabajo. Hablamos tanto a nivel individual como grupal.

22.2Lo humano, desde la psicoterapia, habla de mecanismos de defensa, habla de características tales como la implicación, motivación, sentimientos de pertenencia, etc. Repito, a nivel individual como grupal. En este sentido, en una empresa se dan diferentes niveles grupales, tanto la empresa como un todo, como grupos formales e informales, como el individuo. Se pueden dar así, multitud de escenarios con multitud de diferentes participantes, y cada escenario teñido de una manera de funcionar, de una manera de ser grupal e individual. ¿Esto no afecta a la empresa?

A mi parecer, sólo con la labor psicoterapéutica se pueden trabajar dichos escenarios, dando lugar a un análisis de comunicación en la empresa, valoración de la satisfacción laboral del trabajador y del grupo, más allá de un simple test donde contestar Si/No. Son múltiples los ejemplo s en los que tras la labor psicológica se podrían cambiar maneras de funcionar en la empresa un tanto neuróticas, que dan lugar a desinformación, descontrol, y baja productividad. Pequeñas cosas que pasan desapercibidas en el día a día, pero que con un ojo clínico (y psicológico, por supuesto) pueden dar mucha información, y dar lugar a nuevas maneras de manejarse, mucho más satisfactorias para todos. Para la empresa sobretodo.

Hablamos a fin de cuentas de calidad de vida, y si trabajamos 8 horas al día, qué menos que hacerlo de manera satisfactoria. El trabajo dignifica al ser humano, lo desarrolla personalmente, pero no parece que sea así a pie de calle. Y es que, todos somos humanos, y todos tenemos nuestras dificultades para manejarnos en sociedad, en este caso, en el trabajo. Vergüenza, culpa, miedo, estrés, son cosas que se dan en las empresas, incluso de manera inconsciente, y que nos dificulta el disfrute de nuestro trabajo. ¿Por qué no aprovechar el espacio empresarial para desarrollarse como persona?

La empresa, en el aspecto psicológico, se puede asemejar perfectamente a una familia. Por tipos de relaciones y de comunicación, entre iguales y jerárquicamente, como por la manera de componerse, digamos que te viene dada. Tú no eliges a tu hermano, de la misma manera que no eliges a tu compañero de trabajo, por ejemplo. De la misma manera que familias en conflicto acuden a terapia, ¿por qué no las empresas acuden a terapia? Me gustaría además incidir, en que el desarrollo humano (en este caso empresarial) no tiene porqué esperar al conflicto, se puede prevenir. En términos de ‘coaching’, puedes ir a mejor sin necesidad de pasar por un mal trago. Si bien, es tras una crisis cuando los cambios se dan con mayor conciencia. Me refiero que tanto en conflicto cómo sin él, siempre será de ayuda poder parar y dedicar tiempo a lo humano.

La neurosis en el ser humano da pie a un sinfín de situaciones en las que actuamos de manera un tanto disfuncional. Son cuestiones invisibles a nuestros ojos, o con quizá algo de conciencia, que nos hacen responder de manera automática e insatisfactoria a largo plazo. A corto plazo nos sirve para huir, evitar, una situación desagradable para nosotros. ¿Esto no pasa en las horas de trabajo? Más abstractamente, ¿a la empresa como un todo no le pueden pasar estas cosas?

Por ejemplo. Una empresa que se acostumbra a no hablar las cosas, cae en una rueda en la que cada vez todos se sienten más a gusto sin hablar las cosas, evitando el conflicto. Hasta que llega un punto en el que la comunicación interna brilla por su ausencia. ¿Qué pasa? Disminuye la implicación de los trabajadores porque no se sienten partícipes de las tomas de decisión, porque bien no se les pregunta, o bien no se les comunica las razones de la decisión. Vayamos al otro lado. Los trabajadores caen en la comodidad de no hablar, pero luego responsabilizan a la alta dirección de la baja comunicación, sin hacerse ellos responsables de su baja comunicación. “Es que no nos hablan”; “¿les has preguntado?” Esto, a ojos de un psicólogo no pasa desapercibido. Se crean dinámicas de comunicación que pueden ser redirigidas, tanto en contenido analítico como emocional, es decir, tanto a nivel de analizar el número de interacciones (por ejemplo) como atender al contenido emocional de éstas, cuál es su carga emocional, cómo emite su mensaje el emisor y cómo le deja al receptor, cuál ha sido la actitud de ambos, etc.

Son estas dinámicas de comunicación emocional donde está la esencia de la empresa.

22.1Otro ejemplo serían las empresas donde se respira el buen ‘rollete’, donde hay amistad y calidez. Hay un caso en el que por la dinámica cre ada, llegó una nueva trabajadora de manera temporal, con una actitud bastante cuestionable en su manera de trabajar e incluso a nivel personal. Lo que pasó fue que ninguna trabajadora, moviéndose dentro de las características grupales, asumió la responsabilidad de indicarle a su nueva compañera que dicha actitud pasiva estaba trayendo problemas en cuanto a la producción. En este caso el trabajo psicológico pasaría por ir más allá del buen rollo, entrar en el conflicto al que parecía que se le estaba dando la espalda. Responsabilizarse de él. Por otra parte, bajo una sesión grupal en sala, podría hacerse un ejercicio donde cada trabajadora pusiera al resto de compañeras linealmente considerando su implicación, donde quedaría resaltada en este caso la actitud de la trabajadora, y donde sería el grupo el que da la información. Pura realidad de la situación grupal.

También hay empresas donde la información fluye, se dice lo que se piensa, pero quizá con demasiada agresividad, lo que daría lugar a continuas discusiones. En este caso habría que trabajar el contacto a la hora de comunicarse.

Siguiendo con la agresividad. Otro caso individual, fue el de un trabajador que mantuvo una tensa discusión con otro compañero, por su relato, hubo bastante agresividad. Éste me contó que se hubiera quedado más a gusto “agarrándole del cuello”. ¡Vaya si había agresividad en el ambiente! Mi labor consistió en poner conciencia sobre su deseo frustrado, pararse, visualizarlo, e imaginarse en este mismo momento cómo estaría si realmente le hubiera agarrado del cuello. Sin duda la cara le cambió, sabía que habría perdido el empleo y que ahora, en vez de estar tratando el tema estaría preocupado y dándole vueltas a cómo empezar su vida laboral de nuevo, y en el mejor de los casos, sin tener un juicio pendiente. Me preguntó que qué tenía que hacer si realmente era ese su deseo y, al confrontare con la realidad, vio que la agresividad había que dejarla salir por otro sitio. Aquí cada uno tendrá una manera de sacarla.

Otra vez ‘lo humano’: dar luz a puntos ciegos, poner conciencia sobre nosotros mismos, y respetar la estructura personal de cada uno.

En estos ejemplos se ponen en juego varias cosas. Algo más visible respecto al conflicto grupal, no hay comunicación, pero hilando más fino, se ponen en juego las actitudes de las personas. Nunca se cambiará la estructura personal de cada uno, es más, hay que potenciarla. Pero sí se pueden adoptar otras actitudes más encaminadas al consenso a la toma de conciencia, a la responsabilidad, a la calidez humana, más sanas. Estoy hablando de actitudes, y estas se pueden modelar desde la psicoterapia y potenciar la toma de conciencia y la atención, también desde el mindfulness [El cambio del argentino]. Otra cuestión más en la que un psicólogo especializado podría incidir, formar, enseñar; dar luz.

Respecto a la estructura personal de cada uno, esto da lugar a un grupo en las que las diferentes estructuras personales dan lugar a un grupo con una determinada personalidad. De ahí que diga que eso hay que respetarlo, aceptarlo. Éste es el grupo, éstas son las personas. Ahora, ¿cómo hacemos para que funcione bien? El primer paso sería hablar con el grupo, cuáles son sus preocupaciones, cuáles son las cuestiones que les atañen, qué hacen mejor, qué peor… A nivel personal como a nivel de puesto de trabajo. También pasaría por la entrevista individual. Así en todos los grupos formales e informales de la empresa. Así en todos los individuos de la empresa. Lo que llamaríamos un ‘coaching ejecutivo’ en todos los niveles.

Es realmente tratando con el trabajador, y/o con el grupo, donde se saca toda la información sobre la empresa, es la esencia de ésta. Reside en la comunicación emocional que se da en ella.

Los frutos podrían ir desde pequeños cambios en los puestos de trabajo, en la manera de comunicarse, hasta cuestiones más grandes como cambiar todo un proceso de producción. Son los trabajadores, los directivos, cada uno, los que saben cómo hacer su trabajo mejor. La información la tienen ellos, cada trabajador de su puesto de trabajo; yo, como psicólogo, ayudo a mejorar los procesos, los diálogos, el trabajo personal y grupal, par así, dar fruto a un nuevo proceso, una nueva manera de funcionar, tanto laboral como personal, para así, dar salida a una empresa más sana. Más humana. Suena bien.

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Recursos Humanos más humanos (II) – Sergio Ortiz

Lo laboral (también) es lo humano. Humanizar la empresa.

Hace ya un año, hablé [Recursos Humanos más humanos, I] sobre el cambio que a mi parecer han de promover los departamentos de RRHH. Si somos humanos, si los trabajadores somos humanos, ¿dónde hay espacio para lo humano en la empresa?

Empecemos. ¿Qué es ‘lo humano’? Desde el punto de vista terapéutico, todo lo humano concierne a su manera de desarrollarse, de manejarse por el mundo. Si lo hace satisfactoriamente o no, vaya. Concretando algo más, desde el punto de vista laboral, lo humano sería si el individuo se desarrolla satisfactoriamente en la empresa, si se maneja bien en el entorno de su trabajo. Hablamos tanto a nivel individual como grupal.

22.2Lo humano, desde la psicoterapia, habla de mecanismos de defensa, habla de características tales como la implicación, motivación, sentimientos de pertenencia, etc. Repito, a nivel individual como grupal. En este sentido, en una empresa se dan diferentes niveles grupales, tanto la empresa como un todo, como grupos formales e informales, como el individuo. Se pueden dar así, multitud de escenarios con multitud de diferentes participantes, y cada escenario teñido de una manera de funcionar, de una manera de ser grupal e individual. ¿Esto no afecta a la empresa?

A mi parecer, sólo con la labor psicoterapéutica se pueden trabajar dichos escenarios, dando lugar a un análisis de comunicación en la empresa, valoración de la satisfacción laboral del trabajador y del grupo, más allá de un simple test donde contestar Si/No. Son múltiples los ejemplo s en los que tras la labor psicológica se podrían cambiar maneras de funcionar en la empresa un tanto neuróticas, que dan lugar a desinformación, descontrol, y baja productividad. Pequeñas cosas que pasan desapercibidas en el día a día, pero que con un ojo clínico (y psicológico, por supuesto) pueden dar mucha información, y dar lugar a nuevas maneras de manejarse, mucho más satisfactorias para todos. Para la empresa sobretodo.

Hablamos a fin de cuentas de calidad de vida, y si trabajamos 8 horas al día, qué menos que hacerlo de manera satisfactoria. El trabajo dignifica al ser humano, lo desarrolla personalmente, pero no parece que sea así a pie de calle. Y es que, todos somos humanos, y todos tenemos nuestras dificultades para manejarnos en sociedad, en este caso, en el trabajo. Vergüenza, culpa, miedo, estrés, son cosas que se dan en las empresas, incluso de manera inconsciente, y que nos dificulta el disfrute de nuestro trabajo. ¿Por qué no aprovechar el espacio empresarial para desarrollarse como persona?

La empresa, en el aspecto psicológico, se puede asemejar perfectamente a una familia. Por tipos de relaciones y de comunicación, entre iguales y jerárquicamente, como por la manera de componerse, digamos que te viene dada. Tú no eliges a tu hermano, de la misma manera que no eliges a tu compañero de trabajo, por ejemplo. De la misma manera que familias en conflicto acuden a terapia, ¿por qué no las empresas acuden a terapia? Me gustaría además incidir, en que el desarrollo humano (en este caso empresarial) no tiene porqué esperar al conflicto, se puede prevenir. En términos de ‘coaching’, puedes ir a mejor sin necesidad de pasar por un mal trago. Si bien, es tras una crisis cuando los cambios se dan con mayor conciencia. Me refiero que tanto en conflicto cómo sin él, siempre será de ayuda poder parar y dedicar tiempo a lo humano.

La neurosis en el ser humano da pie a un sinfín de situaciones en las que actuamos de manera un tanto disfuncional. Son cuestiones invisibles a nuestros ojos, o con quizá algo de conciencia, que nos hacen responder de manera automática e insatisfactoria a largo plazo. A corto plazo nos sirve para huir, evitar, una situación desagradable para nosotros. ¿Esto no pasa en las horas de trabajo? Más abstractamente, ¿a la empresa como un todo no le pueden pasar estas cosas?

Por ejemplo. Una empresa que se acostumbra a no hablar las cosas, cae en una rueda en la que cada vez todos se sienten más a gusto sin hablar las cosas, evitando el conflicto. Hasta que llega un punto en el que la comunicación interna brilla por su ausencia. ¿Qué pasa? Disminuye la implicación de los trabajadores porque no se sienten partícipes de las tomas de decisión, porque bien no se les pregunta, o bien no se les comunica las razones de la decisión. Vayamos al otro lado. Los trabajadores caen en la comodidad de no hablar, pero luego responsabilizan a la alta dirección de la baja comunicación, sin hacerse ellos responsables de su baja comunicación. “Es que no nos hablan”; “¿les has preguntado?” Esto, a ojos de un psicólogo no pasa desapercibido. Se crean dinámicas de comunicación que pueden ser redirigidas, tanto en contenido analítico como emocional, es decir, tanto a nivel de analizar el número de interacciones (por ejemplo) como atender al contenido emocional de éstas, cuál es su carga emocional, cómo emite su mensaje el emisor y cómo le deja al receptor, cuál ha sido la actitud de ambos, etc.

Son estas dinámicas de comunicación emocional donde está la esencia de la empresa.

22.1Otro ejemplo serían las empresas donde se respira el buen ‘rollete’, donde hay amistad y calidez. Hay un caso en el que por la dinámica cre ada, llegó una nueva trabajadora de manera temporal, con una actitud bastante cuestionable en su manera de trabajar e incluso a nivel personal. Lo que pasó fue que ninguna trabajadora, moviéndose dentro de las características grupales, asumió la responsabilidad de indicarle a su nueva compañera que dicha actitud pasiva estaba trayendo problemas en cuanto a la producción. En este caso el trabajo psicológico pasaría por ir más allá del buen rollo, entrar en el conflicto al que parecía que se le estaba dando la espalda. Responsabilizarse de él. Por otra parte, bajo una sesión grupal en sala, podría hacerse un ejercicio donde cada trabajadora pusiera al resto de compañeras linealmente considerando su implicación, donde quedaría resaltada en este caso la actitud de la trabajadora, y donde sería el grupo el que da la información. Pura realidad de la situación grupal.

También hay empresas donde la información fluye, se dice lo que se piensa, pero quizá con demasiada agresividad, lo que daría lugar a continuas discusiones. En este caso habría que trabajar el contacto a la hora de comunicarse.

Siguiendo con la agresividad. Otro caso individual, fue el de un trabajador que mantuvo una tensa discusión con otro compañero, por su relato, hubo bastante agresividad. Éste me contó que se hubiera quedado más a gusto “agarrándole del cuello”. ¡Vaya si había agresividad en el ambiente! Mi labor consistió en poner conciencia sobre su deseo frustrado, pararse, visualizarlo, e imaginarse en este mismo momento cómo estaría si realmente le hubiera agarrado del cuello. Sin duda la cara le cambió, sabía que habría perdido el empleo y que ahora, en vez de estar tratando el tema estaría preocupado y dándole vueltas a cómo empezar su vida laboral de nuevo, y en el mejor de los casos, sin tener un juicio pendiente. Me preguntó que qué tenía que hacer si realmente era ese su deseo y, al confrontare con la realidad, vio que la agresividad había que dejarla salir por otro sitio. Aquí cada uno tendrá una manera de sacarla.

Otra vez ‘lo humano’: dar luz a puntos ciegos, poner conciencia sobre nosotros mismos, y respetar la estructura personal de cada uno.

En estos ejemplos se ponen en juego varias cosas. Algo más visible respecto al conflicto grupal, no hay comunicación, pero hilando más fino, se ponen en juego las actitudes de las personas. Nunca se cambiará la estructura personal de cada uno, es más, hay que potenciarla. Pero sí se pueden adoptar otras actitudes más encaminadas al consenso a la toma de conciencia, a la responsabilidad, a la calidez humana, más sanas. Estoy hablando de actitudes, y estas se pueden modelar desde la psicoterapia y potenciar la toma de conciencia y la atención, también desde el mindfulness [El cambio del argentino]. Otra cuestión más en la que un psicólogo especializado podría incidir, formar, enseñar; dar luz.

Respecto a la estructura personal de cada uno, esto da lugar a un grupo en las que las diferentes estructuras personales dan lugar a un grupo con una determinada personalidad. De ahí que diga que eso hay que respetarlo, aceptarlo. Éste es el grupo, éstas son las personas. Ahora, ¿cómo hacemos para que funcione bien? El primer paso sería hablar con el grupo, cuáles son sus preocupaciones, cuáles son las cuestiones que les atañen, qué hacen mejor, qué peor… A nivel personal como a nivel de puesto de trabajo. También pasaría por la entrevista individual. Así en todos los grupos formales e informales de la empresa. Así en todos los individuos de la empresa. Lo que llamaríamos un ‘coaching ejecutivo’ en todos los niveles.

Es realmente tratando con el trabajador, y/o con el grupo, donde se saca toda la información sobre la empresa, es la esencia de ésta. Reside en la comunicación emocional que se da en ella.

Los frutos podrían ir desde pequeños cambios en los puestos de trabajo, en la manera de comunicarse, hasta cuestiones más grandes como cambiar todo un proceso de producción. Son los trabajadores, los directivos, cada uno, los que saben cómo hacer su trabajo mejor. La información la tienen ellos, cada trabajador de su puesto de trabajo; yo, como psicólogo, ayudo a mejorar los procesos, los diálogos, el trabajo personal y grupal, par así, dar fruto a un nuevo proceso, una nueva manera de funcionar, tanto laboral como personal, para así, dar salida a una empresa más sana. Más humana. Suena bien.


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