1430 WP_Post Object ( [ID] => 1430 [post_author] => 1 [post_date] => 2015-04-14 22:19:49 [post_date_gmt] => 2015-04-14 20:19:49 [post_content] => Ponga un psicólogo en su empresa. O contrátelo.

35.1Vengo siendo un tanto insistente, o ‘pesao’, en el tema de la figura del psicólogo (mejor dicho: psicoterapeuta) en el área empresarial. Creo firmemente en el papel de éste para un óptimo desarrollo organizacional. Creo que es en la figura del psicoterapeuta (industrial) donde reside el papel de hacer entenderse y encajar a todas las piezas del puzzle que forma el tejido estructural de una empresa. Pienso que es éste el encargado de que cada pata de la empresa (financiera, tributaria, legal, ingeniera/técnica, económica, organizacional) funcione de la mejor manera posible. La técnica la tenéis vosotros. Nosotros nos encargamos de que la potenciéis. ¿Cómo?

Desde la terapia humanista se presuponen 3 pilares fundamentales para el desarrollo humano: Aquí y ahora / Darse cuenta, tomar conciencia / Responsabilidad (véase cómo pueden estar presentes en cada uno de los párrafos a continuación escritos).

Pueden tomarse como actitudes ante la vida y la experiencia, y están implicadas en maneras de estar en el mundo, tales como experimentar la realidad, entregarse al desagrado y dolor (en un ambiente laboral sería, por ejemplo, entregarse a la crítica), responsabilizarse plenamente de nuestras acciones, sentimientos y pensamientos, y aceptación de como soy yo.

Para mí, el trabajo terapéutico dentro de una empresa iría por dos caminos: mediación y gestión emocional. Ambos por igual y de la mano una función con la otra. Aunque se expliquen por separado y haya espacios estructurados para ambos, seguimos hablando de actitudes.

Desde la actitud mediadora (en lo grupal) y terapéutica (individual y grupal) podemos ayudar a las personas a dirigir la mirada a uno mismo para ver qué aspectos emocionales están subyacentes dentro de nosotros mismos y que están impidiendo el correcto funcionamiento de nuestras capacidades personales y laborales. Ayudando a bajar a la realidad, el asunto de una buena gestión emocional en un ambiente de tanta interacción entre personas, y pudiendo desde una parte ‘objetiva’ saber qué es lo que el grupo puede ofrecer para la consecución de un objetivo, sea este una mejora en algún proceso, resolución de algún conflicto, decisión sobre qué rumbo ha de tomar la empresa o cualquier cosa que surja.

Poner el objetivo a conseguir, y ayudar a que los trabajadores vayan construyendo y eligiendo el camino, desde su verdadero interés y deseo, y sabiendo mediar entre las neurosis de cada uno.

También ha de haber alguien encargado de la gestión emocional de cada persona, un soporte para toda la carga individual que cada uno de los trabajadores lleve consigo. Dicha carga parte desde la estructura personal de cada uno, unido a su histórico de situaciones, dando resultado en una manera de funcionar particular. Dicha manera de funcionar dará lugar en el presente a multitud de situaciones a la hora de relacionarse laboralmente con compañeros de trabajo, superiores, clientes, proveedores, etc. Aceptar maneras de trabajar, o por su parte proponer mejoras en su puesto, bien aceptar una crítica a tu trabajo, o saber emitir un juicio al trabajo del otro sabiendo distanciarse del enfado o del miedo, etc.

35.2Multitud de situaciones, y todas ellas, desde una guía/mapa que el terapeuta pueda ofrecerte, dando luz a aquellas zonas íntimas que incluso ni tan siquiera uno conoce, gestionando las emociones surgidas tales cómo miedo, enfado, deseo, vergüenza; y cómo esto puede estar afectando en mis puntos fuertes y débiles, viendo entonces donde puedo mejorar, haciéndome consciente de lo que me pasa y siempre desde la asunción de la responsabilidad propia en lo que uno siente y hace.

Para todo esto hay que tener muy en cuenta el flaco favor que el ego nos hace, haciéndonos querer ser más y mejor que el de al lado, o por el contrario creyéndonos menos e inferiores, pensando y proyectando con la consecuente distorsión de la realidad que supone. Poder desahogarse con tu terapeuta sobre tus compañeros de trabajo o superiores (siendo el papel de éste llevar el discurso a qué te pasa a TÍ con esto), confiando en éste para poder proponer aquellas cosas que ves mejorables para así ver qué está ocurriendo para no desarrollar dichas ideas, o plasmar qué factores personales creen que están afectando a tu puesto de trabajo.

Imagínense a nivel de gerencia, poder plasmar qué cuestiones íntimas cree que puede estar afectando en el rumbo de la empresa, decisiones precipitadas por enfados o picos de agresividad en un conflicto mal resuelto, miedos a dar pasos hacia delante o no poder aceptar nuevas situaciones económicas para nuestra empresa. O dejarse llevar por la ilusión o deseo de querer tener, por ejemplo, lo último en instalaciones pudiendo llevar a la empresa a una quiebra evitable sabiendo controlar los impulsos de modernización, o por el contrario poder dar luz a la resistencia a realizar una inversión que los trabajadores de planta requieren (propondría reuniones para mejorar la comunicación y  la participación) y que yo como gerente no veo. Los puntos ciegos están presentes en toda persona y grupo, y es el terapeuta el encargado de ir descubriendo lo que hay en ellos.

Todo esto lo veremos y lo aceptaremos de manera más integradora partiendo desde los tres principios comentados, estar en el presente, darnos cuenta de lo que nos está pasando y de cómo funcionamos, y asumir nuestra responsabilidad sin echar la culpa fuera, por mucho que nos j*da.

Si buscamos la definición de Gerente, entre sus funciones se encuentra la de “utilizar tan eficientemente como sea posible todos los recursos a su disposición a fin de obtener el máximo posible de beneficio de los mismos. En otras palabras, maximizar la utilidad productiva de la organización, sección, etc.”

Esto, ayudado por la figura del psicoterapeuta industrial que propongo, maximizará la probabilidad de conseguir dichos objetivos. Las soluciones están dadas, hay que mediar, canalizar y gestionar las emociones para llegar a ellas. Es fomentar la actitud psicoterapéutica en la gerencia. El gerente cómo terapeuta. O contratar a un terapeuta.

 

Sergio Ortiz Vilaplana, responsable Área Empresarial del CVaP

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Mens sana in negotium sanus – Sergio Ortiz

Ponga un psicólogo en su empresa. O contrátelo.

35.1Vengo siendo un tanto insistente, o ‘pesao’, en el tema de la figura del psicólogo (mejor dicho: psicoterapeuta) en el área empresarial. Creo firmemente en el papel de éste para un óptimo desarrollo organizacional. Creo que es en la figura del psicoterapeuta (industrial) donde reside el papel de hacer entenderse y encajar a todas las piezas del puzzle que forma el tejido estructural de una empresa. Pienso que es éste el encargado de que cada pata de la empresa (financiera, tributaria, legal, ingeniera/técnica, económica, organizacional) funcione de la mejor manera posible. La técnica la tenéis vosotros. Nosotros nos encargamos de que la potenciéis. ¿Cómo?

Desde la terapia humanista se presuponen 3 pilares fundamentales para el desarrollo humano: Aquí y ahora / Darse cuenta, tomar conciencia / Responsabilidad (véase cómo pueden estar presentes en cada uno de los párrafos a continuación escritos).

Pueden tomarse como actitudes ante la vida y la experiencia, y están implicadas en maneras de estar en el mundo, tales como experimentar la realidad, entregarse al desagrado y dolor (en un ambiente laboral sería, por ejemplo, entregarse a la crítica), responsabilizarse plenamente de nuestras acciones, sentimientos y pensamientos, y aceptación de como soy yo.

Para mí, el trabajo terapéutico dentro de una empresa iría por dos caminos: mediación y gestión emocional. Ambos por igual y de la mano una función con la otra. Aunque se expliquen por separado y haya espacios estructurados para ambos, seguimos hablando de actitudes.

Desde la actitud mediadora (en lo grupal) y terapéutica (individual y grupal) podemos ayudar a las personas a dirigir la mirada a uno mismo para ver qué aspectos emocionales están subyacentes dentro de nosotros mismos y que están impidiendo el correcto funcionamiento de nuestras capacidades personales y laborales. Ayudando a bajar a la realidad, el asunto de una buena gestión emocional en un ambiente de tanta interacción entre personas, y pudiendo desde una parte ‘objetiva’ saber qué es lo que el grupo puede ofrecer para la consecución de un objetivo, sea este una mejora en algún proceso, resolución de algún conflicto, decisión sobre qué rumbo ha de tomar la empresa o cualquier cosa que surja.

Poner el objetivo a conseguir, y ayudar a que los trabajadores vayan construyendo y eligiendo el camino, desde su verdadero interés y deseo, y sabiendo mediar entre las neurosis de cada uno.

También ha de haber alguien encargado de la gestión emocional de cada persona, un soporte para toda la carga individual que cada uno de los trabajadores lleve consigo. Dicha carga parte desde la estructura personal de cada uno, unido a su histórico de situaciones, dando resultado en una manera de funcionar particular. Dicha manera de funcionar dará lugar en el presente a multitud de situaciones a la hora de relacionarse laboralmente con compañeros de trabajo, superiores, clientes, proveedores, etc. Aceptar maneras de trabajar, o por su parte proponer mejoras en su puesto, bien aceptar una crítica a tu trabajo, o saber emitir un juicio al trabajo del otro sabiendo distanciarse del enfado o del miedo, etc.

35.2Multitud de situaciones, y todas ellas, desde una guía/mapa que el terapeuta pueda ofrecerte, dando luz a aquellas zonas íntimas que incluso ni tan siquiera uno conoce, gestionando las emociones surgidas tales cómo miedo, enfado, deseo, vergüenza; y cómo esto puede estar afectando en mis puntos fuertes y débiles, viendo entonces donde puedo mejorar, haciéndome consciente de lo que me pasa y siempre desde la asunción de la responsabilidad propia en lo que uno siente y hace.

Para todo esto hay que tener muy en cuenta el flaco favor que el ego nos hace, haciéndonos querer ser más y mejor que el de al lado, o por el contrario creyéndonos menos e inferiores, pensando y proyectando con la consecuente distorsión de la realidad que supone. Poder desahogarse con tu terapeuta sobre tus compañeros de trabajo o superiores (siendo el papel de éste llevar el discurso a qué te pasa a TÍ con esto), confiando en éste para poder proponer aquellas cosas que ves mejorables para así ver qué está ocurriendo para no desarrollar dichas ideas, o plasmar qué factores personales creen que están afectando a tu puesto de trabajo.

Imagínense a nivel de gerencia, poder plasmar qué cuestiones íntimas cree que puede estar afectando en el rumbo de la empresa, decisiones precipitadas por enfados o picos de agresividad en un conflicto mal resuelto, miedos a dar pasos hacia delante o no poder aceptar nuevas situaciones económicas para nuestra empresa. O dejarse llevar por la ilusión o deseo de querer tener, por ejemplo, lo último en instalaciones pudiendo llevar a la empresa a una quiebra evitable sabiendo controlar los impulsos de modernización, o por el contrario poder dar luz a la resistencia a realizar una inversión que los trabajadores de planta requieren (propondría reuniones para mejorar la comunicación y  la participación) y que yo como gerente no veo. Los puntos ciegos están presentes en toda persona y grupo, y es el terapeuta el encargado de ir descubriendo lo que hay en ellos.

Todo esto lo veremos y lo aceptaremos de manera más integradora partiendo desde los tres principios comentados, estar en el presente, darnos cuenta de lo que nos está pasando y de cómo funcionamos, y asumir nuestra responsabilidad sin echar la culpa fuera, por mucho que nos j*da.

Si buscamos la definición de Gerente, entre sus funciones se encuentra la de “utilizar tan eficientemente como sea posible todos los recursos a su disposición a fin de obtener el máximo posible de beneficio de los mismos. En otras palabras, maximizar la utilidad productiva de la organización, sección, etc.”

Esto, ayudado por la figura del psicoterapeuta industrial que propongo, maximizará la probabilidad de conseguir dichos objetivos. Las soluciones están dadas, hay que mediar, canalizar y gestionar las emociones para llegar a ellas. Es fomentar la actitud psicoterapéutica en la gerencia. El gerente cómo terapeuta. O contratar a un terapeuta.

 

Sergio Ortiz Vilaplana, responsable Área Empresarial del CVaP


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