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92.1

“Libertad”, qué bonita y elogiada palabra. Libros y películas apasionantes abordan este tema. Cómo olvidar ese inspirador grito de Mel Gibson en Braveheart “puede que nos quiten la vida, pero jamás nos quitarán la libertad” o la lucha por recobrar su libertad del protagonista de “12 años de esclavitud” que, siendo un hombre libre, es secuestrado y obligado a hacerse pasar por esclavo. En la calle, en las noticias, en las redes sociales, día tras día, se clama por la libertad de expresión, de culto, libertad sexual, etc.

Pero, ¿y nosotros? ¿nos permitimos esa libertad para con nosotros mismos?

Razón tienen las siguientes palabras de James Morrison :

  • “The most important kind of freedom is to be what you really are. You trade in your reality for a role. You trade in your sense for an act. You give up your ability to feel, and in exchange, put on a mask. There can't be any large-scale revolution until there's a personal revolution, on an individual level. It's got to happen inside first.”.
  • "El tipo de libertad más importante es ser lo que realmente eres. Cambias tu realidad por un papel. Cambias tu sentido por un acto. Renuncias a tu capacidad de sentir y, a cambio, te pones una máscara. No puede haber una revolución a gran escala hasta que haya una revolución personal, a nivel individual. Primero debe suceder dentro”.

Empuñamos la espada a grito de guerra para cualquier revolución alejada de nuestra vida interna, cuyas profundidades sólo se aventuran a explorar los más intrépidos. Nos acostumbramos al automático, a no cuestionarnos, a no detenernos a ver qué nos implican las decisiones que tomamos día a día, si ponemos todas las cartas sobre la mesa o sólo tenemos en cuenta media baraja, a no ampliar nuestra mirada más allá de lo que alcanza nuestra vista. Incluso en muchas ocasiones ni siquiera somos conscientes de nuestro grado de libertad para decidir. Tomar conciencia de cómo nos torpedeamos, de cómo limitamos nuestro hacer, nuestro sentir, nuestro ver, no es algo que acostumbremos a tener en cuenta, a pesar de que estos sucesos sean un continuo en nuestra vida.

92.2Parece sencillo “ser lo que somos”. De hecho, construimos una falsa libertad sobre un cuerpo anestesiado de la vida. Nuestro ser libre, nacido con todas sus capacidades, se ve limitado por cómo nuestro inconsciente nos hace prisioneros de nuestros propios miedos. En una ocasión me sentí presa por primera vez. No recuerdo el momento en que empecé a considerar mis opiniones menos que las del resto y me las empecé a callar. Tampoco sé en qué momento empecé a considerar mis sentimientos, mis emociones como algo que podía controlar y bloquear a mi antojo. Me había construido laboriosamente una máscara bajo la que me sentía protegida Desconocía que en ese transcurso, entre ir y venir de unas emociones y otras, el no expresar, el reprimir, me estaba consumiendo y haciendo perder mi esencia. Mi cuerpo y mi mente se habían independizado el uno del otro y tuve que volver a reeducar la comunicación y la escucha entre ambas partes para volver a ser una.

La realidad es que en muchas ocasiones nos convertimos en carceleros de nosotros mismos. Cerramos la puerta a pensamientos, bloqueamos nuestros sentimientos y no decimos cosas que nos gustaría decir. Nuestras elecciones se terminan basando en qué permitimos ver de nosotros mismos, en el corto abanico de posibilidades, que nuestra sesgada visión nos proporciona.

Liberarse de uno mismo, de su cárcel de angustias, sus reproches, sus prohibiciones. Muchas veces la clave no reside en hacer, sino en atravesar esas barreras invisibles que ponemos a nuestra esencia, soltar. Reconocerse en todas y cada una de nuestras facetas y desde ahí elegir libremente aquello que sintamos, con conciencia.

En el momento en que empecemos a soltar y escucharnos, comenzaremos a conocer la verdadera libertad, la que va de dentro hacia fuera.

Hasta entonces todo queda en aquella cárcel sin rejas llamada mente, que condena partes de nuestro ser a permanecer en la sombra, adormecidas, sin nombre.

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La cárcel sin rejas – Salut Castell

92.1

“Libertad”, qué bonita y elogiada palabra. Libros y películas apasionantes abordan este tema. Cómo olvidar ese inspirador grito de Mel Gibson en Braveheart “puede que nos quiten la vida, pero jamás nos quitarán la libertad” o la lucha por recobrar su libertad del protagonista de “12 años de esclavitud” que, siendo un hombre libre, es secuestrado y obligado a hacerse pasar por esclavo. En la calle, en las noticias, en las redes sociales, día tras día, se clama por la libertad de expresión, de culto, libertad sexual, etc.

Pero, ¿y nosotros? ¿nos permitimos esa libertad para con nosotros mismos?

Razón tienen las siguientes palabras de James Morrison :

  • “The most important kind of freedom is to be what you really are. You trade in your reality for a role. You trade in your sense for an act. You give up your ability to feel, and in exchange, put on a mask. There can’t be any large-scale revolution until there’s a personal revolution, on an individual level. It’s got to happen inside first.”.
  • “El tipo de libertad más importante es ser lo que realmente eres. Cambias tu realidad por un papel. Cambias tu sentido por un acto. Renuncias a tu capacidad de sentir y, a cambio, te pones una máscara. No puede haber una revolución a gran escala hasta que haya una revolución personal, a nivel individual. Primero debe suceder dentro”.

Empuñamos la espada a grito de guerra para cualquier revolución alejada de nuestra vida interna, cuyas profundidades sólo se aventuran a explorar los más intrépidos. Nos acostumbramos al automático, a no cuestionarnos, a no detenernos a ver qué nos implican las decisiones que tomamos día a día, si ponemos todas las cartas sobre la mesa o sólo tenemos en cuenta media baraja, a no ampliar nuestra mirada más allá de lo que alcanza nuestra vista. Incluso en muchas ocasiones ni siquiera somos conscientes de nuestro grado de libertad para decidir. Tomar conciencia de cómo nos torpedeamos, de cómo limitamos nuestro hacer, nuestro sentir, nuestro ver, no es algo que acostumbremos a tener en cuenta, a pesar de que estos sucesos sean un continuo en nuestra vida.

92.2Parece sencillo “ser lo que somos”. De hecho, construimos una falsa libertad sobre un cuerpo anestesiado de la vida. Nuestro ser libre, nacido con todas sus capacidades, se ve limitado por cómo nuestro inconsciente nos hace prisioneros de nuestros propios miedos. En una ocasión me sentí presa por primera vez. No recuerdo el momento en que empecé a considerar mis opiniones menos que las del resto y me las empecé a callar. Tampoco sé en qué momento empecé a considerar mis sentimientos, mis emociones como algo que podía controlar y bloquear a mi antojo. Me había construido laboriosamente una máscara bajo la que me sentía protegida Desconocía que en ese transcurso, entre ir y venir de unas emociones y otras, el no expresar, el reprimir, me estaba consumiendo y haciendo perder mi esencia. Mi cuerpo y mi mente se habían independizado el uno del otro y tuve que volver a reeducar la comunicación y la escucha entre ambas partes para volver a ser una.

La realidad es que en muchas ocasiones nos convertimos en carceleros de nosotros mismos. Cerramos la puerta a pensamientos, bloqueamos nuestros sentimientos y no decimos cosas que nos gustaría decir. Nuestras elecciones se terminan basando en qué permitimos ver de nosotros mismos, en el corto abanico de posibilidades, que nuestra sesgada visión nos proporciona.

Liberarse de uno mismo, de su cárcel de angustias, sus reproches, sus prohibiciones. Muchas veces la clave no reside en hacer, sino en atravesar esas barreras invisibles que ponemos a nuestra esencia, soltar. Reconocerse en todas y cada una de nuestras facetas y desde ahí elegir libremente aquello que sintamos, con conciencia.

En el momento en que empecemos a soltar y escucharnos, comenzaremos a conocer la verdadera libertad, la que va de dentro hacia fuera.

Hasta entonces todo queda en aquella cárcel sin rejas llamada mente, que condena partes de nuestro ser a permanecer en la sombra, adormecidas, sin nombre.


1 Comentario

  1. Elizabeth

    Ese es mi problema desde hace años y mo se como recobrar mi libertad

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