Alguna vez lo he oído, pero… ¿Qué es el eneagrama? Breve aproximación – Lucía Castroverde

El eneagrama está basado en un antiguo sistema de conocimiento, es una antigua enseñanza Sufí. En griego se compone de dos palabras que son Ennea = nueve, y gramma = trazo,  significa literalmente nueve líneas.  En geometría, un eneagrama es una estrella de nueve puntas. Llevado al estudio de la tipología humana, al ámbito de la psicología, es una potente herramienta para la comprensión y el estudio de la conciencia. En cada vértice de esta estrella, se encuentra una de las nueve estructuras caracteriales, dividiéndose a su vez en tres triadas, tres elementos especialmente vinculados entre sí: triada del instinto o instintiva, triada mental o del pensamiento y triada emocional o de los sentimientos. En cada persona, cada una de estas estructuras toma su posición y se sitúa sobre las demás, determinando su peculiar manera de ser, estar y relacionarse con el mundo. La palabra carácter, en un primer momento, no parece que tenga connotación negativa alguna, incluso todo lo contrario, parece que cuando mencionamos este concepto, lo asociamos con la idea de que esa persona tiene unas creencias y unos valores claros. En otras ocasiones lo utilizamos para justificar(-nos) de ciertas actitudes y/o conductas “es que su o mi carácter es así”, valorándolo e interpretándolo como algo que ayuda o dificulta en las relaciones interpersonales y en la forma de ser y estar en el mundo. El carácter se origina en la infancia como una estrategia que nos ayuda a desarrollar respuestas adaptativas internas necesarias para nuestra supervivencia y termina convirtiéndose en una(s) estrategias(s) rígida(s) que dificultan nuestro día a día, quizás porque lo que pudo ser válido en el momento concreto de su cristalización (hasta los siete años, para algunos/as profesionales antes, pudiendo dar un giro en la adolescencia), no sigue siéndolo durante toda la vida, frente a nuevas circunstancias.  Es decir, la manera en  la que afrontamos diferentes situaciones en la infancia, ahora de adulto, no nos sirve y además nos dificulta, generando en la mayor de las ocasiones malestar en la persona.  Así, cada persona en algún momento de su infancia, escogería e integraría de forma inconsciente uno de estos nueve eneatipos (término acuñado por primera vez por Claudio Naranjo). La realidad de nuestro ambiente infantil es que a menudo no es facilitador y nos hace generar unas estrategias defensivas que nos hacen reaccionar frente a las   interferencias que se dan en el desarrollo natural de...
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El amor es fácil, las relaciones no – Ainhoa Boluda

Hoy decido abrir la puerta a éste aspecto de la vida, tan interesante como difícil es. Las relaciones sentimentales, el vínculo amoroso con el otro. Amar es sencillo, es natural, es innato, lo complicado es la manera de encajar la forma de amar que tiene una persona con la del otro; es aquí cuando se abre el dilema, en la relación con el otro al que se ama, distinto a mí. ¿Entonces somos las personas las que contaminamos la pureza y la naturaleza del amor? Así es, lo impregnamos de infinitos factores de los que nos es muy difícil desprendernos, nuestros miedos, las inseguridades, celos, desconfianza, dependencia, introyectos, proyecciones, y un sinfín de capas de una cebolla neurótica que impiden ver el núcleo de la esencia, en el que se encuentra la facilidad, la sencillez y la simplicidad del amor, la naturaleza de ese amor no contaminado. Pero sí, vivimos arrastrando y conviviendo con nuestra parte neurótica y, no solo la nuestra. Cuando amamos en pareja se juntan y conviven dos “neuras”, la tuya y la mía, que son creadoras de una consecuente y final “neura”, la de la relación. Aquí en este punto, es importante, por un lado, escuchar mi parte, darme cuenta de cómo contamino el amor de la relación y me dificulta a la hora de sentir libremente. Es importante también que el otro se dé cuenta de su parte y asumamos cada uno nuestra responsabilidad en el cuidado de la relación. Otro factor a tener en cuenta en las relaciones es todo aquello que arrastramos de nuestros roles de género, instaurados en nuestra sociedad durante muchísimos años, que nos condicionan y esclavizan si no aumentamos nuestra consciencia tanto en la relación como internamente. Esos roles de género hacen que a veces “juguemos” a ser madres cuidadoras de nuestras parejas, o padres protectores de quien tenemos al lado, hijos rebeldes que protestan a su pareja queriendo protestar a su madre, o hijas sumisas que no son capaces de establecer límites claros y respetarse delante de su compañero. Todo esto nos hace esclavos de relaciones insanas, sufridas, infelices, dolorosas, y todo por no ser capaces de mirar hacia adentro, cuestionar nuestra forma de amar, observar que hay detrás de los celos, de la rebeldía o el control, y empezar a enfrentarnos a nuestra “neura”, ese gran fantasma que nos dificulta en la capacidad de amar de una...
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Personas mágicas – Montse Rebollida

Quiero dedicar este post a las BUENAS PERSONAS. Sí, quiero decirlo así, en mayúsculas, dándoles la importancia que, al menos para mí, tienen. En un mundo en el que parece que se nombra mucho a las personas corruptas y a las aprovechadas, me apetece dedicar un espacio a esas buenas personas que nos acompañan sin hacer ruido y que nos echan una mano en el día a día. Personas que están en nuestra vida, que han estado presentes en algún momento, personas que nos hemos cruzado de forma casi casual y nos han ofrecido su bondad. Seguro que habéis pensado en alguna de esas buenas personas, que ya les habéis puesto cara mientras ibais leyendo y, además, lo habéis hecho con una sonrisa en los labios, ¿verdad? Porque eso es lo que nos provocan: bienestar. En mi vida se han cruzado muchas buenas personas, facilitándome la vida en muchas y distintas áreas. Si miro a mi familia, encuentro la bondad muy de cerca: en mis padres y mi hermana. Personas buenas en toda la extensión de la palabra. Y mi sobrina quien, a pesar de ser solamente una adolescente, ya apuntaba maneras desde muy niña. Mención aparte sería mi hija… aunque sea amor de madre. En el trabajo también he tenido la fortuna de encontrarme con buenas personas. En mis inicios profesionales,  Juanjo  fue la primera persona que confió en mí y me ofreció trabajo sin ni siquiera habérselo pedido. Lo mismo que Paquita, quien también confió a ciegas en mi quehacer. Natalia  y Jesús me incluyeron como una más en su equipo y me hicieron sentir como si siempre hubiera estado ahí. Marisa me ofreció abiertamente su laboratorio y Alicia me incluyó sin pestañear en su clínica. Jose, Poi, Carol y María tienen esa calidad humana que puedo observar en la manera en la que me han aceptado, a pesar de ser la única de ellos que trabajo bajo un marco distinto. Y lo cerca que me hacen sentir… Saltaré la parte relacionada con las amistades, necesitaría muchas palabras para no dejarme a nadie en el tintero. O incluso un post entero. Por otro lado, me emociona observar cualquier gesto de bondad, aunque no tenga que ver conmigo. Bondad en el sentido de amabilidad, de estar pendiente del otro y no cerrarse en uno mismo. Ver cómo un conductor cede el paso a otro que sale de un...
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Detrás de una lágrima – Salut Castell

El llanto recuerda nuestro primer aliento al nacer y la única forma de comunicarnos con el mundo al llegar a él. Nuestra libertad para expresar el llanto irá tomando diferentes sendas según el trato que se le dé en nuestro entorno. Muchas veces este camino desemboca en la represión de las lágrimas, por resultar implicar debilidad, inmadurez, dramatismo frente al otro. Nuestra fortaleza pasa a medirse por cómo podemos sostener lo que nos ocurre sin derramar una lágrima. Todo es cuestión de esconder, tapar, disimular, quitar importancia, incluso, a veces, recomponer el cuerpo. Hay mil y una historias diferentes detrás de los motivos por los que no llorar, es una parte que  muchas veces no quiero que vean, conozcan; y que a mí misma me da miedo descubrir. No quiero mostrar que lo que hacen, dicen, o piensan de mí, me afecta, me mueve. Necesito que piensen que soy fuerte, que no necesito nada, que me las puedo apañar sola, que soy yo en la que se pueden apoyar.  Que nada ni nadie me puede hacer daño. También está el temor a que, al permitirnos llorar, lo que emerja sea algo tan grande que no lo podamos sostener, miedo a la reacción del otro o incluso a no poder parar. Cada persona resonará con una cosa distinta, al final es encontrar qué aflora detrás de esta forma tan genuina de expresión que no nos solemos permitir. Recuerdo momentos de querer expresar, notar que me iba a emocionar, que se me empezaba a hacer un nudo en la garganta y los ojos se me ponían vidriosos. Tomé la decisión de callar, recomponerme, cortarme las alas, consiguiendo que muchas veces, aquello que no expresaba, se volviese en mi contra. Sentimientos de culpa, rabia, impotencia y sobre todo, una tristeza de fondo, por no poder permitirme derramar una lágrima delante del otro. Con el tiempo, empecé a sentir  que había algo en mí que no estaba bien. Me había envuelto de un aura de frío que congelaba cualquier contacto. Había limitado durante tanto tiempo mi expresión emocional que incluso ni lloraba a solas. No sabía ni cómo estar cuando los demás se emocionaban, ya que no me permitía emocionarme con ellos. Esa rigidez con la que trataba cualquier señal que me moviera, había generado en mí un vacío de calor, mi propio calor humano. Empecé a ser más honesta conmigo misma sobre...
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