Detrás de una lágrima – Salut Castell

El llanto recuerda nuestro primer aliento al nacer y la única forma de comunicarnos con el mundo al llegar a él. Nuestra libertad para expresar el llanto irá tomando diferentes sendas según el trato que se le dé en nuestro entorno. Muchas veces este camino desemboca en la represión de las lágrimas, por resultar implicar debilidad, inmadurez, dramatismo frente al otro. Nuestra fortaleza pasa a medirse por cómo podemos sostener lo que nos ocurre sin derramar una lágrima. Todo es cuestión de esconder, tapar, disimular, quitar importancia, incluso, a veces, recomponer el cuerpo. Hay mil y una historias diferentes detrás de los motivos por los que no llorar, es una parte que  muchas veces no quiero que vean, conozcan; y que a mí misma me da miedo descubrir. No quiero mostrar que lo que hacen, dicen, o piensan de mí, me afecta, me mueve. Necesito que piensen que soy fuerte, que no necesito nada, que me las puedo apañar sola, que soy yo en la que se pueden apoyar.  Que nada ni nadie me puede hacer daño. También está el temor a que, al permitirnos llorar, lo que emerja sea algo tan grande que no lo podamos sostener, miedo a la reacción del otro o incluso a no poder parar. Cada persona resonará con una cosa distinta, al final es encontrar qué aflora detrás de esta forma tan genuina de expresión que no nos solemos permitir. Recuerdo momentos de querer expresar, notar que me iba a emocionar, que se me empezaba a hacer un nudo en la garganta y los ojos se me ponían vidriosos. Tomé la decisión de callar, recomponerme, cortarme las alas, consiguiendo que muchas veces, aquello que no expresaba, se volviese en mi contra. Sentimientos de culpa, rabia, impotencia y sobre todo, una tristeza de fondo, por no poder permitirme derramar una lágrima delante del otro. Con el tiempo, empecé a sentir  que había algo en mí que no estaba bien. Me había envuelto de un aura de frío que congelaba cualquier contacto. Había limitado durante tanto tiempo mi expresión emocional que incluso ni lloraba a solas. No sabía ni cómo estar cuando los demás se emocionaban, ya que no me permitía emocionarme con ellos. Esa rigidez con la que trataba cualquier señal que me moviera, había generado en mí un vacío de calor, mi propio calor humano. Empecé a ser más honesta conmigo misma sobre...
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La mentira de las psicoterapias milagrosas – José García

De vez en cuando no puedo evitar toparme –y mira que lo intento, y lo consigo casi la totalidad del tiempo- con la publicidad fraudulenta de eventos “terapéuticos” que, en un fin de semana, prometen cosas como convertirte en un ser humano nuevo, con todas tus relaciones saneadas, que gestionarás tu mente y tus emociones a la perfección, sin estrés ni angustia, sin pensar más ni menos de la cuenta, sin quedarte fijado en emociones “negativas”, sin miedos ni rabias ni penas escondidas, evitando tus “relaciones tóxicas”, encontrando sentido a tu vida, llevándote todo lo necesario para hacer realidad tus sueños en breve, y experimentando cómo la autoestima y el poder personal crecen en ti… (y se alargan y ensanchan hasta estallar en un gozo de plenitud inigualable… y bla bla bla). Se pueden hacer buenos talleres y buenos procesos personales, claro que sí, para poner más conciencia en determinados aspectos de la vida, pero esa oferta milagrosa sólo habla de la mentira que subyace en esas desmedidas (y premeditadas) promesas. Los psicólogos que tenemos consulta día a día sabemos que, mucho peor que tonterías, son auténticos timos enfocados al yo ideal que, por cierto, vende bastante más que el real. Ése mismo que elige a modelos para vender cremas adelgazantes. Psicólogos, psiquiatras, psicoterapeutas serios y demás profesionales comprometidos sabemos que estas promesas milagrosas son un engaño. Incluso se ríen de ellas los verdaderos maestros espirituales (no los charlatanes espirituales ni los psicológicos). Día a día, cuando vemos la realidad de un proceso personal, la enorme complejidad de la mente humana, de lo emocional y lo mental, lo consciente y lo inconsciente, lo que sabemos, no sabemos y no queremos ni podemos saber de nuestros deseos y frustraciones, cuando vemos nuestros mecanismos y resistencias, amén de las circunstancias externas cambiantes… día a día, ¿qué se puede pensar de estos anuncios? Todos anhelamos una esperanza infantil donde las cosas se arreglen como por arte de magia, sin apenas implicación, y aquí es donde cuaja la mentira y su negocio. Claro que existe el proceso personal, claro que es posible ser más feliz, más consciente, mirar atrás y ver lo que hemos crecido, superar un trastorno de ansiedad, una depresión, una autoestima baja, unas relaciones disfuncionales… pero lleva trabajo e implicación personal, lleva momentos de claridad y sinsabores, avances y retrocesos, lleva tiempo y trabajo, y en no pocos casos la...
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Con mis mejores deseos – Purificación Argente

Mi vecina Elia ha recibido los regalos de navidad, y esta mañana ha venido a enseñármelos. Nos tenemos mutuamente fascinadas. Cada vez que nos vemos, ella me enseña lo alto que puede saltar,  y yo me sorprendo y la festejo como si fuera la primera vez. Hoy ha venido muy contenta a enseñarme un juego de piezas que le ha traído papá Noel. Me ha estado explicando cómo funciona y como hay que hacer para ensamblar unas piezas con otras… mira, ¿ves? Se muestra paciente conmigo. Hace varios intentos con un par de bloques que parece que no encajan como los otros… Opta finalmente por darle unos golpecitos, presiona un poco y… ya está, ¿ves? Sigue con otros dos y de vez en cuando vuelve hacia atrás a repetir la operación con los que no encajaron del todo: ya está, ¿ves? Es una escena que he visto infinidad de veces, y siempre me despierta una ternura renovada. Vivir a un metro por debajo del discurrir de la vida. La mirada dirigida hacia arriba, lo grandes que se ven las cosas desde ahí. Una representación del mundo a medio hacer,  sin parámetros preconcebidos. La confusión entre lo real y lo imaginario, lo posible y lo deseado. Tanteando un mundo con herramientas a medio desarrollar, explorando y comprendiendo sin ensayos previos en laboratorio. Desde ahí me resulta muy fácil sentir la vulnerabilidad, la mía y la de los demás. La escena que describo es fácilmente reconocible por todo el mundo. Quizá no somos tan conscientes de cómo se contagian de nuestro tono emocional. En este mundo nuestro, es frecuente ver reuniones familiares con muchos adultos y pocos niños. Basta observar un poco para ver a los niños salir pitando conforme el tono emocional  de los mayores se dispara y como acaban pegados a los pacíficos de la reunión como pegatinas. Se contagian de la paz o la hostilidad que vamos destilando. De esto también tendrá que aprender a protegerse. Más pronto que tarde mi vecina empezará a cerrarse. Desarrollar sus herramientas lleva consigo funcionar en un mundo predecible, con patrones predecibles e imágenes predecibles. Es necesario que así sea aunque ese proceso se lleve por delante lo más esencial de sí misma. Es imprescindible que ponga la barrera necesaria entre ella y el desparrame emocional de sus mayores. No puede ser de otra manera. Yo voy llegando a la conclusión, de...
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Un mismo día, dos exigentes – María Climent

La exigencia se nos aparece como ese juez interno insaciable que siempre pide más. Un día según el exigente Verde: Suena el despertador… Ohhh! Qué cansado, no sé si tendré fuerzas para todo el día de hoy. Pero me tengo que levantar, tengo mucho por hacer y ¡estoy motivado para poder acabar todas ellas! Por la mañana… Desayuno y mientras respondo unos mails del trabajo, leo un artículo y organizo de nuevo la agenda por si hay algo que no anoté ayer o hay alguna cosa que no tenga en la cabeza y sea imprescindible (cosa que casi nunca pasa). ¡Mierda! Me acabe el desayuno sin darme cuenta, el tiempo se me pasa volando, organizando y reorganizando lo ya organizado… Ale! pues a seguir que me he retrasado 10 minutos y ya voy justo con lo de después. Saco a pasear a los perros, un poco rápido que antes ya me retrasé. ¡Me encanta disfrutar del sol de la mañana mientras paseo con ellos, estoy tan bien! (Uno de los pocos momentos que me permito para estar solo conmigo). De vuelta en casa… Hago unas horas de trabajo en el ordenador, con la sensación de que no es suficiente, necesitaba más tiempo y hacer más trabajo. He acabado casi todo, pero era mi obligación, es más importante lo que me queda. Aunque lleve poco tiempo en ese trabajo debo estar a la altura de los compañeros. ¿Igual era mucho trabajo? Bueno, no sé, si me esfuerzo lo acabo todo. Dejo el trabajo y me pongo con las tareas de casa que me corresponden, y de repente, el primer agobio del día!! Mi compañero no ha limpiado la cocina (como habíamos acordado) y ahora yo no puedo preparar la comida!! No entiendo, si no cuesta nada, ahora yo que necesito una sartén, tendré que limpiar todo primero… Porque claro, ¿cómo voy a limpiar solo una cosa y dejarle el resto? ya que me pongo… si no lo hago es de mala persona. Primero recojo la cocina que era lo que tenía que estar hecho y así luego me encargo solo de lo mío. Preparo la comida, mientras pongo lavadora, limpio el baño y entre todo eso me doy cuenta que no baje el fuego y la comida empieza a pegarse… ¡Mierda, si es que llevo todo a la vez para que me dé tiempo y no consigo acordarme! Hora de...
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