Antecedentes filosóficos de las polaridades – José García Lozano

Revista de Terapia Gestalt – Asociación Española de Terapia Gestalt. Nº 35: “Tramitando lo difícil”. 2015.   El Kybalión es un texto del siglo XIX que recoge las enseñanzas de la filosofía hermética atribuida a Hermes Trismegisto, personaje mítico y alquimista egipcio que se dice vivió sobre el tercer milenio a.C. y que aparece en los textos ocultistas. Entre los siete principios universales que señala está el de la polaridad: “Todo es doble; todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son semiverdades; todas las paradojas pueden reconciliarse”. Alejándonos hasta la tierra del sol naciente, el Taoísmo señala que todo lo que existe se apoya en la dualidad de dos fuerzas opuestas y, a la vez, complementarias llamadas ying-yang. Algunos investigadores localizan en el segundo milenio a.C. las primeras referencias a esta dualidad básica del universo. En el ying-yang, al igual que en el principio de polaridad hermético, la oposición en la que se asienta todo lo existente se abraza finalmente en la complementariedad. Es relevante detenerse en algunos de los principios del ying-yang como, por ejemplo, su profunda interdependencia, es decir, la imposibilidad de existencia de uno sin el otro. Otro principio sería la subdivisión, de modo que cada uno de ellos podría dividirse de nuevo en ambos, y así indefinidamente. Por ejemplo, dentro de la clásica “autotortura neurótica” entre el mandón y el mandado, si nos centramos en el mandón, podemos descubrir a su vez un subaspecto autoritario (“¡Tienes que hacer lo que yo te diga!”) y otro protector (“Lo hago por tu bien, para protegerte”). Del mismo modo, en el mandado podemos encontrar uno rebelde (“No quiero hacer lo que me dices”) y otro vulnerable (“Si me machacas así no puedo vivir tranquilo”). Otro principio, el de regeneración, señala cómo la intensificación de uno de los dos polos, después de generar con sus envites un achicamiento pasajero en el otro, pronto causará que éste se regenere con fuerzas renovadas buscando el equilibrio. Por último, no se trata de dos aspectos independientes y ajenos que aspiran a tocarse, sino que cada uno de ellos ya contiene al otro en lo más profundo de su seno. Advirtamos que, mucho antes de la filosofía occidental, ya existía en el concepto de ying-yang una...
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Las obsesiones – José García Lozano

2011. Artículo para la Mesa de Clínica de las XXIV Jornadas Nacionales de la Asociación Española de Terapia Gestalt.   TERMINOLOGÍA OBSESIVA Existe cierta confusión en la utilización de los términos que hacen referencia a los diferentes fenómenos llamados obsesivos. Para aclararla diferenciaremos cuatro entidades : – síntomas obsesivos – trastorno obsesivo-compulsivo, TOC (o neurosis obsesiva) – personalidad obsesiva (o rasgos obsesivos de personalidad) – trastorno de personalidad obsesivo (o trastorno anancástico de la personalidad según el CIE-10, o trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad según el DSM-IV) A continuación puntualizaremos algunas cuestiones. Desde una perspectiva psicodiagnóstica, la personalidad obsesiva no llega al grado de psicopatología, por lo que ha de considerarse normal desde un punto de vista meramente clínico, teniendo en cuenta incluso lo reforzados que han estado estos rasgos considerados como virtuosos en muchas culturas. Desde una óptica menos atomizada entre lo sano y lo enfermo, como aportó la visión humanista de la psicología, habría que decir que en la personalidad obsesiva “ocurre algo”, como detallaremos más adelante, algo con lo que se puede vivir adaptado sin excesivos problemas. Para el diagnóstico del TOC, los síntomas obsesivos básicos son las obsesiones y las compulsiones, de modo que la presencia de alguno de ellos (o ambos) es indispensable. Según diversos estudios, se presentan conjuntamente en el 70-90% de los pacientes diagnosticados, hallándose sólo obsesiones en el 25-30% y sólo compulsiones en el 6-20%. Y ni obsesiones ni compulsiones son necesarias para el diagnóstico de trastorno obsesivo de la personalidad, aunque puedan coexistir. Fuera de las cuatro variantes citadas, hay rasgos obsesivos considerados totalmente normales y generalizados en la población, tales como las supersticiones moderadas o los amuletos (para que toque la lotería o gane el equipo de fútbol favorito), esas “manías” que nos deja más tranquilos realizar aunque no tengan sentido aparente, una canción o una idea que no conseguimos sacarnos de la cabeza, esos perfeccionismos cotidianos que nos impiden avanzar en una tarea, una excesiva presencia de rituales y costumbres en la vida a costa de la creatividad, etc.   OBSESIONES: DEFINICIÓN Y DIFERENCIACIÓN FRENTE A OTRAS ALTERACIONES DEL CONTENIDO DEL PENSAMIENTO En 1877 Westphal propuso una definición que cuenta aún con una importante vigencia: “ideas parásitas, las cuales, permaneciendo intacta la inteligencia, y sin que exista un estado emotivo o pasional, surgen ante la conciencia, se imponen a ella contra su voluntad, se atraviesan e imponen el...
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Polaridades, naturaleza mental y psicoterapia – José García Lozano

Revista de Terapia Gestalt – Asociación Española de Terapia Gestalt. Nº 27: “25 años haciendo Terapia Gestalt”. 2007.   LA NATURALEZA POLAR DE LA MENTE La naturaleza de nuestra mente es polar y, por tanto, es polar nuestra forma de aprehender todo conocimiento y toda experiencia. El alcance de esta considerada ley universal es mayor de lo que pudiera parecer en un principio. Experimentamos el frío frente a la conciencia que tenemos del calor y, éste a su vez, frente a la que tenemos del frío. Comprendemos lo lejano en oposición a lo cercano, o la tristeza frente a la alegría. Nos percatamos del dolor porque conocemos el placer, describimos lo duro en comparación con lo blando, lo inquietante frente a lo sereno y podemos nombrar lo luminoso al distinguirlo de lo oscuro. Nuestra mente sólo es capaz de calificar y valorar la experiencia bajo criterios de polaridad. Tanto es así que, no es que sencillamente una realidad tenga su opuesto, sino que la realidad existe mentalmente, se define y hasta se percibe gracias a la necesaria comparación entre opuestos. La mente necesita los opuestos para comprender. Desde la óptica de la inseparable relación en psicología entre pensamiento y lenguaje humanos, puede que los sustantivos no tengan una polaridad tan manifiesta como los adjetivos, pero en cuanto definimos, describimos y clasificamos esas entidades (y otras como los verbos, los artículos o las preposiciones) para poder comprenderlas, aparecen de nuevo las polaridades de la mente tomando conciencia de cada característica por comparación con otras. De hecho, las polaridades son sólo los extremos de ejes conceptuales creativos y cambiantes de relaciones y gradaciones generalizadas o particulares. No hay polaridades únicas, absolutas, estándar, sino asociaciones subjetivas de oposición, lo que implica sustanciales diferencias en el modo individual y colectivo de experimentar los polos por separado y sus grados. Además de esta interpretación subjetiva y experiencial de pensamientos, emociones y percepciones sensoriales, están los propios límites de nuestras vivencias, aquello que realmente escapa a nuestras capacidades o a nuestro desarrollo actual de aprehensión mental, emocional y sensitiva. Hay polaridades múltiples y sencillas, explícitas e implícitas, fusionadas y disociadas, de una etapa y de un modo de estar en la vida. En última instancia, la psicoterapia pretender agrandar esos límites desde la integración. Tenemos capacidad de decir un sí verdaderamente pleno cuando hemos conseguido alcanzar la libertad para decir que no y, curiosamente, podemos...
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Actitud en Terapia Gestalt con drogodependientes – José García Lozano

Revista “Informació Psicològica” del Colegio Oficial de Psicólogos de la Comunidad Valenciana. V Época, Nº 74. Valencia, 2000.   INTRODUCCIÓN En 1972 Joel Latner nos recordaba a Fritz Perls, creador de la terapia Gestalt: “La Gestalt es tan antigua y vieja como el mundo mismo” (F. Perls 1969b, p.16). No podría ser de otra manera si pensamos en lo que son algunos de los pilares fundamentales de este enfoque terapéutico. En primer lugar, se incide en el desarrollo de la consciencia, el darse cuenta, de una forma global, asistiendo a nuestros procesos mentales, dando permiso a la expresión emocional para trabajar experiencialmente con ella (aquí demuestra ser un enfoque comprometido y eficaz) e integrando nuestro cuerpo desde lo más instintivo a lo no-verbal, pasando por lo fisiológico. La consciencia es la integración de todo esto, incluida la intuición, no sólo la dimensión racional. En segundo lugar, hay una focalización en la vivencia presente, aquí-ahora, más que en el discurso intelectual “a cerca de” uno mismo, de modo que el desarrollo de una atención integral es lo que va a poder actualizar la propia experiencia, aportando claridad y novedad. Por último, existe una amplia concepción de la responsabilidad sobre nuestros actos, nuestras decisiones, pensamientos o hasta evitaciones. La enorme oportunidad que esto nos ofrece es la del propio potencial para afrontar nuestras necesidades y nuestro deseo. Recuperar la responsabilidad sobre nuestra vida, sin distorsionarla culpándonos o culpando al mundo, puede generar cierto vértigo, pero es la antesala del poder personal y la motivación creativa. Siempre me ha sorprendido gratamente de la Gestalt la cualidad que posee para integrar los aspectos mental, emocional, corporal y social de una persona en la experiencia presente, aportando un sentido más amplio a lo que ocurre. Esta totalidad, mayor que la suma de las partes, es el propio significado del término gestalt. No tiene sentido, por ejemplo, juzgar determinadas emociones de positivas o negativas, al igual que precipitarse hacia una presunta irracionalidad de los procesos mentales que bien pueden tener una clara lógica desde una perspectiva mayor o más profunda que el sujeto necesita comprender en lo posible. No se trata de “quitarse de encima” una idea molesta o un comportamiento inoportuno sin más, sino de escucharlos. No se evitan los temores, más bien se atraviesan. No se pretende solucionar compulsivamente las crisis, sino que se experimentan hasta que aparezca el mensaje y la oportunidad que...
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