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el 17 octubre 2018

Hoy traigo una carta cruda, emotiva y bella. Una carta que habla de sufrimiento, de sanación y valor.

 

Como terapeuta y persona observo cómo mucha gente (no toda) viene a sanar, a resolver conflictos, angustias... con un objetivo claro: "Quiero dejar de sentir esto y ser feliz". A mi parecer no hay fórmulas mágicas que nos hagan cambiar aquellas maneras, creencias, patrones... que nos mantienen en el sufrimiento, que nos hacen desbordarnos ante determinadas situaciones. Todo lo hemos ido forjando en nuestra vida. No creo en las formulas rápidas que llevan a la felicidad sin un proceso, sin tiempo.

 

Un proceso terapéutico de sanación, más que a la felicidad, nos lleva al Equilibrio y, como consecuencia, a ser más felices. En este equilibrio cabe volver a caer, y podremos levantarnos cada vez un poco antes que las otras veces. También nos pasarán cosas fuera de nuestro control que nos dolerán (es un hecho, hay cosas que duelen) y podremos sostenerlas sin desbordarnos como antes...

 

Para poder crecer y ser, hace falta volver atrás, ver nuestras elecciones, decisiones... cómo nos sentíamos con ellas. Puede (y lo más seguro es que en algún momento del proceso pase) que eso nos duela, puede que suframos, nos enfademos, desesperemos... Para avanzar a veces hay que volver atrás, a veces hay que parar.

 

Quiero compartir esto por una carta de una mujer, que me llega hace unas semanas. Conocí a esta mujer hace un tiempo, transmitía frescura y ligereza a las personas de su alrededor y, en la intimidad y confianza, me muestra otra parte suya. Una parte que esconde sufrimiento y una gran carga. Hace un tiempo decidimos "Nos metemos en esto (proceso terapéutico) sí tú estás dispuesta. Va a ser largo y difícil, yo estaré ahí, te acompañaré en el proceso". Así ha sido durante todo este tiempo. Y como antes hablaba, en todo proceso hay situaciones que nos ponen "del revés".

 

Y así me llega esta carta: "María, te paso esta carta que he escrito cuando no sabía qué hacer".

 

"Estoy cansada, agotada de que se esperen cosas de mi. No querría que existan las expectativas. Ni quiero existir yo.

 

Toda esta presión en el pecho son los Deberías. Yo no debería existir. No tengo sentido. No tengo valor. No van a sacar nada de mí. Estoy vacía.

 

Si no me quiero, no los quiero. No tengo valor. Solo existe el dolor. Solo hay rencor.

 

Todas las personas que quiero me tratan igual. Es porque yo me trato igual. No tengo valor.

 

Solo hay dolor. No quiero estar bien, no quiero estar.

 

Me quiero cortar. Quiero acabar. Me duele el corazón, la espalda y la mandíbula. Emoción, control y ansiedad. ¿El control viene de la culpa o la culpa viene del control? Siento mucha culpa y poco control. No tengo sentido. No tengo valor, no debería existir. No tengo control, solo tengo dolor. ¿Quiero control? ¿El control es presión?

 

 

Me gusta mi vacío. Se siente como un hogar. ¿Quiero estar vacía para no existir conmigo? No quiero estar.

 

Las personas no existen conmigo. Es porque las sustituyo con mi vacío. Existen dentro, con mi vacío y sin mi control. El control se lo doy yo a ellos y la culpa me la quedo yo. Soy uno con mi vacío.

 

Entonces no quiero el control. Me produce presión. ¿Es presión porque me conozco vacía? Expectativas.

 

Por eso abrir, vaciar y guardar"

 

A mí me conmovió, no de pena. Me entristeció y generó ternura al saber/leer cómo se sentía y lo que estaba viviendo. Pero esta carta es un paso más en el proceso. Un acto de valor, escribir para sanar, en vez de otras opciones que a ella no le ayudan. No es que antes no lo supiera, pero una cosa es saber algo, y otra muy distinta es dejar de seguir nuestras inercias, que tan arraigadas tenemos. No solo aquí observé cómo elegía opciones sanas, pero esta fue especial, una de esas situaciones "clave".

 

No pretendo que sintáis la belleza y fuerza que me llevé yo de esta carta. Cada quién, que se lleve o no lo que se tenga que llevar. Yo me llevo la última frase, con una interpretación personal:

 

"Por eso abrir (para expresar, comunicar lo que siento), vaciar (para sacar fuera lo que no me pertenece) y guardar (para protegerme, cuidarme).

 

Gracias a la autora de esta carta. Por su valentía para escribirla, para mandármela y ahora compartirla con todos y todas.

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