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el 12 marzo 2019

EL PODER DE LA ATENCIÓN.

¿Respondes o reaccionas? ¿Cómo resuena esto en tu vida?....

Aún recuerdo el día en el que un amigo me hizo esta pregunta.

Una simple pregunta me llevó, y todavía me sigue llevando a día de hoy, a poner conciencia a mi manera de relacionarme con el otro, cuando me embargan emociones intensas, sobre todo, la rabia. Y a darme cuenta de lo necesario, pero no sencillo, que resulta hacer una pausa entre el estímulo y la respuesta. Yo lo llamaría “la pausa de la calma” o “la pausa de la voz sabia”. La pausa que me lleva a tomar conciencia de qué pasa en mi cuerpo, qué sensaciones tengo, y qué emoción estoy experimentando. Para más adelante darme cuenta de cuál es mi demanda hacia el otro.

Muchas veces la forma de demandar lo que uno quiere, es totalmente incongruente con aquello que va buscando. Busco atención y lo demando desatendiendo y exigiendo. Busco cuidado y cariño, y lo demando con enfado e ira. Por ello es tan importante enfocar bien lo que uno necesita.

Y qué necesaria la calma cuando nos invade este tsunami emocional.

Para mí la pausa tiene aires de montaña, de conciencia en mi caminar, y de respirar aire puro.

Aunque, a veces, en medio de la gran ciudad, ni la montaña ni el aire puro están disponibles para mí, es en ese momento cuando más necesito parar. Atender a mi respiración, bajar las revoluciones, soltar el aire, así como la urgencia de la respuesta rápida y ciega, y decirle al otro: "Mira, mejor hablamos más tarde”. Y así caminar, en soledad, en introspección, armonizándome con cada paso, sintiendo con cada paso un nuevo soltar, un nuevo comienzo y, en medio de todo ello, “yo”, permitiéndome el tiempo para parar y explorar esta voz interna tan sabia.

 

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