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el 22 julio 2019

Existen tantas formas de amar y ser amado como personas. Amar es algo que se aprende y este aprendizaje se ve influido por diversos factores. Desde pequeños nos vemos envueltos en un continuo de modelos relacionales. Nuestros padres, abuelos, hermanos… la forma de interactuar entre ellos se convierte en una fuente de la que nos nutrimos. Adquirimos una serie de valores y creencias personales sobre el amor, que nos acompañarán y guiarán en nuestras futuras relaciones. Las experiencias que se van desarrollando en nuestra historia individual también influirán en nuestra forma de querer y querernos. Aprendemos la forma de comunicarnos, de interaccionar con los demás y desarrollamos nuestras competencias emocionales. Le damos nuestro significado al amor, fuera de lo comúnmente conocido, de la misma forma que hacen todos los demás. Por este motivo, es muy probable que amemos de forma diferente unos y otros. Tenemos distintas expectativas, valores e incluso nos hacen felices cosas diferentes.

Esto se ve muy gráfico en las parejas. Una persona ama y se siente amada a través de una serie de detalles, afectos y cuidados que valora positivamente y puede que no coincidan con los que valora su pareja. Para una persona, un indicativo de que la quieren puede ser que sean detallistas y para otra, puede que sea más importante llegar a casa y que su pareja haya hecho la mayoría de tareas, para que tenga que hacer lo menos posible. Ambas cosas son muestras de amor igual de válidas, todo depende del valor que le demos cada uno. Podemos caer en la trampa de decirnos que lo hemos intentado todo, cuando muchas veces ni nos hemos preguntado, ni hemos preguntado cuál es la necesidad que no estaba cubierta. Éste es el punto de partida. Es importante aprender a escuchar y a escucharnos. No sigamos intentando adivinar ni dejando que nos adivinen. La responsabilidad de detectar las necesidades es propia de cada uno y la de transmitirlas y movilizarse para lograr cubrirlas también. No es cuestión de imponerse, de exigir, es cuestión de clarificar. Conocer mis expectativas y necesidades y las de mi pareja, nos ayuda a construir nuestro amor, fruto de los cimientos que establecemos individualmente cada uno. Buscar generar un  equilibrio, respetando el amor personal y el amor al otro.

Tener este marco de referencia nos da seguridad y es necesario para que, de alguna forma, tengamos un sustento a la hora de establecer vínculos.  El error es caer en no ver más allá de nuestro marco y creer que todos nos regimos por el mismo.

Se puede elegir querer y ser querido desde una postura sana, sincera, abierta a la comunicación, al entendimiento y con la mira puesta en hacernos felices, los unos a los otros.

 

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