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el 9 junio 2018

¿Alguna vez os habéis sentido faltos de energía para afrontar el día? ¿Que un trabajo que os motivaba muchísimo, de repente se convierte en una carga? ¿Qué ya no os sentís tan a gusto con vuestra pareja como antes? Igual que éstas, muchas otras preguntas sobre cosas que antes funcionaban y ya no o incluso nunca han llegado a funcionar. Muchas veces nos olvidamos del papel activo que tenemos en estas situaciones que nos afectan directamente.

En la televisión emergen miles de anuncios de multivitamínicos y suplementos para dar ese chute de energía que necesitas para comerte el día; miles de frases y libros de motivación y consejos para reavivar la llama amorosa. Cada uno es libre de decidir cómo afrontar estas situaciones y éstos son algunos de los recursos disponibles. No obstante, en este post os invito a hacer una reflexión más personal, viendo el punto de responsabilidad que tenemos en estas situaciones. Más que hacer desaparecer el síntoma es ver cómo hemos llegado a él.  Muchas veces nos instalamos en la queja, en culpar a los demás de lo que nos ocurre y en este punto estamos indefensos, pues que se resuelva nuestra situación lo delegamos en algo externo. En otras ocasiones nos culpamos a nosotros mismos desde posturas muy exigentes que nos terminan deprimiendo. Más que ir hasta arriba de café y bebidas energéticas, por desmotivación cambiar un trabajo que te encantaba o directamente cambiar de pareja, nos interesa conocer qué nos está pasando.  Tomar una postura activa frente a lo que nos ocurre, no implica siempre ir a la acción, sino que  también incluye ver qué me está frenando.  Esta segunda postura, requiere de una mirada más dirigida hacia uno mismo  y todo aquello que me entorpece, a la hora de mostrarse en un contacto más real y sincero con el otro, incluso con nosotros mismos.

Yo, personalmente, me he instalado muchas veces en la parte victimista y de culpa. Por “arte de magia” me dejaban de motivar cosas que me ilusionaban muchísimo, me sentía excluida de los grupos con los que me juntaba, muchos días no me sentía con fuerzas para nada… Mis respuestas para esto eran que yo no servía para lo que estaba haciendo, que nadie me quería ni le interesaba a nadie y que era vaga.  Me instalé en una postura de autoculpa que me bloqueaba y me negaba a pensar que yo estaba fallando en otra cosa que no fuese eso. Trabajando conmigo misma entendí la diferencia entre la culpa y la responsabilidad.  La culpa nos aferra al pasado y devalúa tanto la conducta como a la propia persona. La energía que tendríamos disponible se destina hacia un castigo propio o hacia el exterior. Desde la parte de la responsabilidad, reconocemos nuestra parte en la situación y nos encargamos de mejorar el presente y de cara al futuro.  Ver cómo yo misma era el agente que impedía que pudiese disfrutar del día a día fue muy liberador, pues en mis mismas manos estaba el ponerle solución. Ahora estoy más dispuesta a observar y tomar conciencia de mí en la situación, lo que me frena, lo que me quita energía, lo que no me permito y me hace desmotivarme, etc, siempre desde una postura responsable.

Veo muy importante tomar conciencia del papel que actuamos cada uno en nuestras dinámicas diarias.  Tanto en el trabajo, familia, pareja, amigos, incluso con nosotros mismos, se generan una serie de dinámicas de las que somos un elemento más que afecta y es afectado.   Ver cómo alimentamos esas situaciones, nos facilita vivir de una forma más acorde a lo que queremos. Tomar conciencia de la responsabilidad, nos permite ver que en nuestras manos está hacernos un poco más felices cada día.

 

Comentarios

Gustavo Solana Puértolas el 14 de 6 del 2018

Me parece un post muy interesante, totalmente de acuerdo. Enhorabuena.

Lucia el 13 de 6 del 2018

Una frase de terapia gestalt, de Claudio Naranjo, que está vinculada con tu artículo, dice así: “La responsabilidad no es un deber sino un hecho inevitable. Somos los actores responsables de cualquier cosa que hagamos. Nuestra única alternativa es reconocer tal responsabilidad o negarla. Y percatarse de la verdad, nos cura de nuestras mentiras.” Claudio Naranjo Este encuentro con unx mismx y con la propia responsabilidad es una relación para toda la vida.

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