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el 11 junio 2019

La RAE define el sectarismo como el "Fanatismo e intransigencia en la defensa de una idea o una ideología". También se define como intolerancia, discriminación u odio que surgen de dar importancia a las diferencias percibidas entre diferentes grupos sociales, políticos o religiosos, o entre las subdivisiones dentro de un grupo, como las diferentes manifestaciones de una misma religión o las facciones de un movimiento político.

La cosa es que llevo pensando en este tema desde hace un tiempo, vivimos tiempos sectarios, no solo en la política, sino que (vete a saber si como causa o consecuencia de ello) también se ve en el ámbito de las relaciones humanas, y por lo tanto, en nuestro mundo interior.

El tema es importante por lo que nos afecta a todos/as. Nos afecta como sociedad, donde es inevitable tener pensamientos, creencias y valores, pero ¿puede haber un momento en que además de hacernos crecer y desarrollarnos nos pueden limitar? ¿Y en qué?

Numerosos estudios indican que si nos retroalimentamos en nuestras creencias, ya sean elaboradas por nosotros/as mismos/as o, peor aún, los heredamos sin haberlos masticado (lo que en terapia Gestalt se llama introyectos), empobrecemos cognitivamente.

Necesitamos al diferente para crecer, necesitamos enfrentarnos, relacionarnos y convivir con el/la diferente para estimularnos, pero también para vivir en sociedad (los –ismos de los que muchas personas se enorgullecen en pertenecer nos empobrecen, nos limitan y nos afectan entonces). Si echamos un vistazo a las redes sociales, a la política y a muchos aspectos de la vida, cada vez está más trufada por el sectarismo, la censura, el afear al diferente, el crear barreras y no puentes, el diferenciar, el nosotros/as contra ellos/as…

Es un tema a trabajar por cada uno/a ¿hasta qué punto mis valores me limitan? ¿Qué considero tolerable o intolerable en los demás? Muy poca gente es tan valiente para afrontarlo con honestidad porque es muy tentador considerar que nuestros valores son lo mejor, y que los/las personas censoras e  intolerantes son las demás. Pues aquí va una noticia: los/as otras/as viven con nosotros/as, y, si nos comunicamos y vemos a la persona más allá de sus opiniones, puede que sea una oportunidad para ver QUIÉN CENSURA dentro de nosotros/as. Y al menos, comprender al otro/a. Es una cuestión de empatía al fin y al cabo.

Yo lo estoy intentando.

 

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