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el 11 septiembre 2019

En nuestra vida diaria parece que los afectos y sentimientos, en especial, los que se sienten como negativos, se sufren y se viven, pero con frecuencia no son expresados. En algunas ocasiones, son exteriorizados a través de síntomas, en otras ocasiones, se reprimen. No los expresamos quizás porque generan vulnerabilidad, una fragilidad que nos pone a merced del otro. La experiencia profesional nos muestra la importancia efectiva de dichos afectos, su toxicidad si son intensos y las consecuencias que tienen para el desarrollo de la identidad personal y las relaciones sociales. El miedo, como cualquier sentimiento en realidad, no tiene por qué ser negativo ni positivo. Es en su relación con el entorno cuando se ligan unos con otros y por tanto, es a través de esta relación que podemos afirmar si  van en la línea de la salud o de la  patología.

Wilfred R. Bion, un psicoanalista de mediados del siglo pasado, hablaba de tres elementos que estructuran y desarrollan el psiquismo: el amor, el odio y el conocimiento. Estos serían los tres átomos para formar la molécula mental y la mezcla de los tres formarían el bienestar.  Enmarca dentro del elemento odio afectos que tienen unas manifestaciones hacía fuera (violencia y agresividad, donde el ataque es hacia lo externo) y afectos cuyas manifestaciones se dirigen hacia dentro (miedo, angustia, ansiedad, culpa). El odio hacia uno mismo y el odio hacia lo otro. Situamos en el contexto del odio y la agresión el surgimiento del miedo, como un sentir hacia lo externo, que es violento sobre uno mismo, y que mueve al sujeto a protegerse. Puede percibirse como amenazada la integridad física, la integridad psíquica, la imagen personal o la propia concepción de uno mismo y del mundo. Surge sobre lo desconocido y lo que no es familiar.

Atravesar el miedo es necesario para el desarrollo personal. La identidad personal se va construyendo con significados históricos idiosincrásicos. En el camino de encontrar la plenitud habrá dificultades, enfermedades, conflictos, duelos, que podremos definir como lo siniestro, lo extraño o lo desconocido. Estas dificultades nos llevan al miedo y la angustia. Para crecer mentalmente se requiere gestionar el sufrimiento y el miedo a conocer. El superarlo nos lleva al saber. Solo atravesando ese miedo llegamos a un conocimiento más profundo, a lo desconocido, y al cumplimiento del deseo que nos llena de satisfacción

El miedo y la angustia son necesarios para el desarrollo. Todos los avances en el desarrollo generan incertidumbre y angustia ante elementos desconocidos e inciertos, (no hay más que fijarse en la historia de la ciencia).  En los niños, si se tiene un buen apoyo, si los padres calman y contienen la angustia, se produce el desarrollo y el aprendizaje.  En psicoterapia, siempre hay inquietud y miedo. Su presencia es importante. Freud creía que solo se accede a psicoanálisis con ansiedad. Si ésta es suprimida  por pastillas o adicciones no es fácil profundizar en el tratamiento. Igual pasa con todas las prácticas holísticas si se suprime la ansiedad. El síntoma no puede conducir a la causa si se acalla con pastillas. La psiquiatría clásica va al síntoma, no se interesa por la causa. Se trata la parte y no se considera el todo. Desaparece el síntoma y la causa queda inalterada, por ende, un nuevo síntoma aparece.  Así pues, es necesario el miedo y la angustia, atravesarlos nos conduce al crecimiento y la superación.

 

Extracto del articulo “El miedo desde una perspectiva psicoanalítica.”

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