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el 28 marzo 2020

Todos tenemos una idea más o menos intuitiva de qué es eso de la experiencia. Sin embargo, me gustaría que partiéramos de unos referentes comunes. El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española contiene 5 distintas acepciones para la entrada experiencia, cada una de ellas con importantísimas repercusiones para la psicoterapia. Trataré de ir desarrollándolas en esta y sucesivas entradas:

  1. Hecho de haber sentido, conocido o presenciado alguien algo.

Un hecho, es una cosa que sucede, un asunto o materia que se trata, a la vez acción en marcha y obra acabada. La experiencia es el resultado de haber sentido y, al mismo tiempo, la acción de sentir (experienciar). La experiencia requiere de un alguien (sujeto) y un algo (objeto), ambos son imprescindibles. La experiencia es por tanto una relación entre dos elementos.

Si nos situamos cerca del reduccionismo biologicista, podemos describir la experiencia como el resultado del encuentro de nuestros sentidos (vista, tacto, oído, olfato y gusto) con las distintas características del mundo físico que nos rodea. A través de ellos nos orientamos en el medio, lo sentimos. A partir de este encuentro con el objeto (radiación electro-magnética que entra en los ojos, el conjunto de vibraciones del aire que llega a nuestros oídos, la presión ejercida sobre la piel, las partículas químicas que llegan a la nariz y/o a la lengua…) se desencadena un conjunto de reacciones electro-químicas en el sistema nervioso que, en última instancia, conducen a una activación del cerebro. El cuerpo ejerce de significante. Es un recipiente que se ve influido y alterado por el contacto con la materia física que lo rodea. Descompone ese encuentro en distintos elementos y los vuelve a re-configurar en un conjunto de sensaciones unificadas e integradas (la radiación-electromagnética, luz; las vibraciones del aire, sonido…).

Ante el encuentro del objeto físico con el cuerpo se desarrolla una activación del cerebro, que conocemos como mente. Lo mental, algo tan obvio y a la vez tan abstracto, no es más que un conjunto de funciones. La mente es sentir, es atender, es convertir sensaciones en representaciones internas, en imágenes mentales, es asociar, es recordar, es razonar, es transformar. La mente es acción y relación. Todas esas funciones a las que llamamos mente en su conjunto son, al igual que el cuerpo, significantes. Si el cuerpo otorga unidad y coherencia a las sensaciones, la mente las desliga de su correlato material y las transforma en imágenes intangibles que pueden ser manipuladas. Las enmarca dentro de un conocimiento previo acumulado por la experiencia, las percibe.

Si hay una parte del cuerpo-mente que siente, una parte que reconoce o percibe, otra parte de ella la evalúa y juzga. Esto es agradable, esto es desagradable, esto está dentro, esto esta fuera, esto es peligroso, esto es saludable. Esa parte que juzga tiene un correlato emocional (la alegría es la emoción que sentimos cuando algo es bueno, querido o nos gusta y da placer; la tristeza es la emoción que sentimos cuando perdemos algo querido, placentero, bueno; el miedo es la emoción que sentimos cuando algo es amenazante; el asco cuando algo es tóxico,…) y un correlato cognitivo, un pensamiento ("¡Qué bien, ya es de día!", "¡Qué bien toca el piano!").

Así pues, por el momento, podemos decir que el fundamento de la experiencia humana es: sensación transformación, representación, percepción y evaluación.

“Radiación electro-magnética que llega a los ojos, reacciones electro-químicas que se convierten en una señal, es luz, es de día, qué bien,…”

Me gustaría introducir ahora otro hecho de la experiencia. He mencionado que toda experiencia tiene un sujeto y un objeto. Alguien que presencia algo. Pues bien, en un momento dado, el sujeto se percibe a sí mismo como objeto.

“Siento, transformo, represento, percibo y evalúo; siento, transformo, represento, percibo y evalúo; siento, transformo….hay una constante en todo esto… ¿Qué es esa constante? Soy yo.”  

La conciencia se vuelve hacia sí misma. El sujeto percibe que percibe, siente que siente, y evalúa cómo siente y cómo percibe. El sentimiento de identidad es el producto de un constante fluir de experiencias que en última instancia solo tiene un denominador común, una conciencia que se observa a sí misma, una conciencia con la que el sujeto se identifica.

“Cogito, ergo sum”

René Descartes.

 

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