2761 WP_Post Object ( [ID] => 2761 [post_author] => 3 [post_date] => 2018-03-28 08:36:37 [post_date_gmt] => 2018-03-28 06:36:37 [post_content] => 100.1 El eneagrama está basado en un antiguo sistema de conocimiento, es una antigua enseñanza Sufí. En griego se compone de dos palabras que son Ennea = nueve, y gramma = trazo,  significa literalmente nueve líneas.  En geometría, un eneagrama es una estrella de nueve puntas. Llevado al estudio de la tipología humana, al ámbito de la psicología, es una potente herramienta para la comprensión y el estudio de la conciencia. En cada vértice de esta estrella, se encuentra una de las nueve estructuras caracteriales, dividiéndose a su vez en tres triadas, tres elementos especialmente vinculados entre sí: triada del instinto o instintiva, triada mental o del pensamiento y triada emocional o de los sentimientos. En cada persona, cada una de estas estructuras toma su posición y se sitúa sobre las demás, determinando su peculiar manera de ser, estar y relacionarse con el mundo. La palabra carácter, en un primer momento, no parece que tenga connotación negativa alguna, incluso todo lo contrario, parece que cuando mencionamos este concepto, lo asociamos con la idea de que esa persona tiene unas creencias y unos valores claros. En otras ocasiones lo utilizamos para justificar(-nos) de ciertas actitudes y/o conductas “es que su o mi carácter es así”, valorándolo e interpretándolo como algo que ayuda o dificulta en las relaciones interpersonales y en la forma de ser y estar en el mundo. El carácter se origina en la infancia como una estrategia que nos ayuda a desarrollar respuestas adaptativas internas necesarias para nuestra supervivencia y termina convirtiéndose en una(s) estrategias(s) rígida(s) que dificultan nuestro día a día, quizás porque lo que pudo ser válido en el momento concreto de su cristalización (hasta los siete años, para algunos/as profesionales antes, pudiendo dar un giro en la adolescencia), no sigue siéndolo durante toda la vida, frente a nuevas circunstancias.  Es decir, la manera en  la que afrontamos diferentes situaciones en la infancia, ahora de adulto, no nos sirve y además nos dificulta, generando en la mayor de las ocasiones malestar en la persona.  Así, cada persona en algún momento de su infancia, escogería e integraría de forma inconsciente uno de estos nueve eneatipos (término acuñado por primera vez por Claudio Naranjo). La realidad de nuestro ambiente infantil es que a menudo no es facilitador y nos hace generar unas estrategias defensivas que nos hacen reaccionar frente a las   interferencias que se dan en el desarrollo natural de nuestro potencial y con ello manejarnos en el mundo de la mejor manera posible y proteger con ello, nuestra esencia, nuestro yo auténtico. El carácter es fundamentalmente adaptativo, es  la manera que tiene nuestro “yo” de adaptarse al medio en el que vivimos,  es la forma habitual que tenemos de reaccionar, las formas que tenemos de solucionar los conflictos, pero cuando este carácter se ha hecho fijo, se ha cristalizado por las diferentes situaciones que hemos vivido, éste se convierte en un obstáculo en nuestro crecimiento y desarrollo personal. Cuando queremos comenzar a trabajar con el Eneagrama, un trabajo de conocimiento sobre nuestro yo más genuino, lo primero que tenemos que hacer, es cuestionarnos, cuestionar nuestro propio carácter, valorar que muchas de las cosas que hacemos no son tan “nuestras”, sino que están condicionadas por el entorno que nos tocó vivir (muchos autores/as añaden también un componente biológico en dicha cuestión). Y esta situación, nos impide la manifestación de nuestro propio ser espontáneo.  Ese “yo”, ese self verdadero, esencial, auténtico…  que nos ayuda a adaptarnos de una manera creativa, flexible a cada situación específica de nuestro entorno, que resulta diverso para cada uno en función de nuestros respectivos intereses o necesidades del momento. A parte de ofrecernos una descripción analítica de cada eneatipo, el eneagrama también brinda la posibilidad de conocer nuestras emociones más apasionadas, así como las creencias erróneas, de manera que podamos agilizar nuestra mochila cargada de automatismos de nuestro propio carácter y responder a circunstancias de la vida de una forma creativa, integradora y a su vez, enriquecedora. El trabajo con el eneagrama nos permitirá el descubrimiento del ser condicionado (ego, falso self...) con el que nos identificamos y vamos caminando por la vida. Nos “hacemos” a una manera de ser, que contiene trampas y maneras de escaparnos de las dificultades que nos ofrece el medio. Y el eneagrama parte de que todas las personas tenemos unas características naturales básicas, diferentes de esta estructura de personalidad integrada. Así pues, estas trampas van formando una máscara con las que “salimos al mundo”,  esta máscara es el carácter, que alienta determinados aspectos y rechaza otros. Sumergiéndonos en el Eneagrama como recurso de contacto con el ser esencial, podemos llegar a ejercer mayor elección sobre nuestra propia actitud y comportamiento, en lugar de fijarnos en modos de hacer, en pensamientos y emociones automáticas que es a lo que nos induce el carácter.  Se trata de transformar lo automático en escucha y elección en nuestra capacidad de responder según nuestras necesidades reales y genuinas. El asunto no es “mejorarnos”, sino ampliar la plenitud de nuestra conciencia. Sin embargo, cuando nos adentramos en la identificación con un tipo de carácter, hay que estar al tanto de no identificarnos de manera rígida y masiva, pues estaremos aferrándonos a una manera de ser y estar concreta, dictada, poniendo freno a la creación y descubrimiento de nuestro propio yo genuino. Es decir, será un recurso de autoconocimiento, de autobservación de nuestro mundo interno y nuestras relaciones con las demás personas. En palabras de Oscar Ichazo, el eneagrama dará conciencia a lo que somos y  a qué hacemos con lo que somos.   [post_title] => Alguna vez lo he oído, pero… ¿Qué es el eneagrama? Breve aproximación - Lucía Castroverde [post_excerpt] => [post_status] => publish [comment_status] => open [ping_status] => closed [post_password] => [post_name] => alguna-vez-lo-he-oido-pero-que-es-el-eneagrama-breve-aproximacion-lucia-castroverde [to_ping] => [pinged] => [post_modified] => 2018-04-04 00:48:48 [post_modified_gmt] => 2018-04-03 22:48:48 [post_content_filtered] => [post_parent] => 0 [guid] => http://www.cvap.es/?p=2761 [menu_order] => 0 [post_type] => post [post_mime_type] => [comment_count] => 1 [filter] => raw )

Alguna vez lo he oído, pero… ¿Qué es el eneagrama? Breve aproximación – Lucía Castroverde

100.1

El eneagrama está basado en un antiguo sistema de conocimiento, es una antigua enseñanza Sufí. En griego se compone de dos palabras que son Ennea = nueve, y gramma = trazo,  significa literalmente nueve líneas.  En geometría, un eneagrama es una estrella de nueve puntas.

Llevado al estudio de la tipología humana, al ámbito de la psicología, es una potente herramienta para la comprensión y el estudio de la conciencia.

En cada vértice de esta estrella, se encuentra una de las nueve estructuras caracteriales, dividiéndose a su vez en tres triadas, tres elementos especialmente vinculados entre sí: triada del instinto o instintiva, triada mental o del pensamiento y triada emocional o de los sentimientos. En cada persona, cada una de estas estructuras toma su posición y se sitúa sobre las demás, determinando su peculiar manera de ser, estar y relacionarse con el mundo.

La palabra carácter, en un primer momento, no parece que tenga connotación negativa alguna, incluso todo lo contrario, parece que cuando mencionamos este concepto, lo asociamos con la idea de que esa persona tiene unas creencias y unos valores claros. En otras ocasiones lo utilizamos para justificar(-nos) de ciertas actitudes y/o conductas “es que su o mi carácter es así”, valorándolo e interpretándolo como algo que ayuda o dificulta en las relaciones interpersonales y en la forma de ser y estar en el mundo.

El carácter se origina en la infancia como una estrategia que nos ayuda a desarrollar respuestas adaptativas internas necesarias para nuestra supervivencia y termina convirtiéndose en una(s) estrategias(s) rígida(s) que dificultan nuestro día a día, quizás porque lo que pudo ser válido en el momento concreto de su cristalización (hasta los siete años, para algunos/as profesionales antes, pudiendo dar un giro en la adolescencia), no sigue siéndolo durante toda la vida, frente a nuevas circunstancias.  Es decir, la manera en  la que afrontamos diferentes situaciones en la infancia, ahora de adulto, no nos sirve y además nos dificulta, generando en la mayor de las ocasiones malestar en la persona.  Así, cada persona en algún momento de su infancia, escogería e integraría de forma inconsciente uno de estos nueve eneatipos (término acuñado por primera vez por Claudio Naranjo).

La realidad de nuestro ambiente infantil es que a menudo no es facilitador y nos hace generar unas estrategias defensivas que nos hacen reaccionar frente a las   interferencias que se dan en el desarrollo natural de nuestro potencial y con ello manejarnos en el mundo de la mejor manera posible y proteger con ello, nuestra esencia, nuestro yo auténtico.

El carácter es fundamentalmente adaptativo, es  la manera que tiene nuestro “yo” de adaptarse al medio en el que vivimos,  es la forma habitual que tenemos de reaccionar, las formas que tenemos de solucionar los conflictos, pero cuando este carácter se ha hecho fijo, se ha cristalizado por las diferentes situaciones que hemos vivido, éste se convierte en un obstáculo en nuestro crecimiento y desarrollo personal.

Cuando queremos comenzar a trabajar con el Eneagrama, un trabajo de conocimiento sobre nuestro yo más genuino, lo primero que tenemos que hacer, es cuestionarnos, cuestionar nuestro propio carácter, valorar que muchas de las cosas que hacemos no son tan “nuestras”, sino que están condicionadas por el entorno que nos tocó vivir (muchos autores/as añaden también un componente biológico en dicha cuestión). Y esta situación, nos impide la manifestación de nuestro propio ser espontáneo.  Ese “yo”, ese self verdadero, esencial, auténtico…  que nos ayuda a adaptarnos de una manera creativa, flexible a cada situación específica de nuestro entorno, que resulta diverso para cada uno en función de nuestros respectivos intereses o necesidades del momento.

A parte de ofrecernos una descripción analítica de cada eneatipo, el eneagrama también brinda la posibilidad de conocer nuestras emociones más apasionadas, así como las creencias erróneas, de manera que podamos agilizar nuestra mochila cargada de automatismos de nuestro propio carácter y responder a circunstancias de la vida de una forma creativa, integradora y a su vez, enriquecedora.

El trabajo con el eneagrama nos permitirá el descubrimiento del ser condicionado (ego, falso self…) con el que nos identificamos y vamos caminando por la vida. Nos “hacemos” a una manera de ser, que contiene trampas y maneras de escaparnos de las dificultades que nos ofrece el medio. Y el eneagrama parte de que todas las personas tenemos unas características naturales básicas, diferentes de esta estructura de personalidad integrada. Así pues, estas trampas van formando una máscara con las que “salimos al mundo”,  esta máscara es el carácter, que alienta determinados aspectos y rechaza otros.

Sumergiéndonos en el Eneagrama como recurso de contacto con el ser esencial, podemos llegar a ejercer mayor elección sobre nuestra propia actitud y comportamiento, en lugar de fijarnos en modos de hacer, en pensamientos y emociones automáticas que es a lo que nos induce el carácter.  Se trata de transformar lo automático en escucha y elección en nuestra capacidad de responder según nuestras necesidades reales y genuinas. El asunto no es “mejorarnos”, sino ampliar la plenitud de nuestra conciencia.

Sin embargo, cuando nos adentramos en la identificación con un tipo de carácter, hay que estar al tanto de no identificarnos de manera rígida y masiva, pues estaremos aferrándonos a una manera de ser y estar concreta, dictada, poniendo freno a la creación y descubrimiento de nuestro propio yo genuino. Es decir, será un recurso de autoconocimiento, de autobservación de nuestro mundo interno y nuestras relaciones con las demás personas.

En palabras de Oscar Ichazo, el eneagrama dará conciencia a lo que somos y  a qué hacemos con lo que somos.

 


1 Comentario

  1. Begoña

    Muy buen artículo!me ha ayudado a comprender ciertas cosas de mi manera de funcionar, a tomar conciencia.

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